Episodio 39º
El clima se había vuelto frío y una serie de nubes oscuras comenzaron a acercase al punto que se encontraba sobre sus cabezas.
Un grupo de alumnos rodeó a Jun para evitar que esta escapase pero, aún así, la chica ni se había inmutado.
La verdad es que aquello que Saya le había dicho estaba empezando a resonar en su cabeza como si de un disco rayado se tratase.
Por su parte, Michael parecía decaído.
No había hablado casi nada durante todo el día y ahora aparentaba estar deshorientado. ¿Estaría enfermo?
De ser así, hacía lo imposible por escondérselo a todo el mundo.
Al cabo de unos instantes, Jun levantó levemente la cabeza para mirarlo... no parecía él mismo.
Tenía la mirada perdida y no se movía de donde estaba.
-Ahora te llevaremos ante el director, así que no te resistas- le dijo con tono de malicia, Lissy.
Entonces la chica levantó más la cabeza, haciendo así que un poco de su flequillo le tapase su ojo derecho.
Por su parte, el izquierdo estaba completamente al descubierto y algunos alumnos habían podido ver su repentino color furia y sus pupilas cual gato.
Estos, al verlo, se quedaron semiparalizados.
-¿Véis? Lo que yo os decía. ¡Es una bruja!- gritó, histérica.
Después de eso, Jun avanzó unos pocos pasos y se paró en seco, sin dejar de mirarla.
Lissy estaba algo asustada. Después de todo, ella había sido la que la había puesto en evidencia. Aún así, ahora no podía echarse para atrás. Estaba convencida de que podría enfrentarse a ella de un modo que no la involucrase... demasiado.
-No os quedéis ahí parados, atrapadla para que podamos presentársela al director junto con la cinta de vídeo- dijo con un tono serio y lleno de malicia.
-¡Alto!- gritó una voz lejana.
Y entonces, a lo lejos, pudieron ver a Saya, la cual se acercaba corriendo hasta ellos, casi sin aliento.
-¡Detenéos ahora mismo, estáis todos equivocados!- gritó mientras se ponía al lado de Jun para así defenderla.
-¿Qué quieres, Saya Fujineko?- preguntó, irritada, Lissy.
-Esto es un error. Quien os dijo todo eso fui yo, y no ella. Mi hermana no tiene nada que ver con ese vídeo.
-¿Pero de qué hablas? ¿Cómo ibas tú a saber todo lo que pasó aquella vez con Michael?
-Ella me lo contó una vez por carta...
-¿Entonces por qué no nos dijiste que eras tú?
-¿Ahora me veniís con esas? ¡No me dejasteis hablar, maldita sea!
-Déjalo...- le susurró Jun.
-¿Qué?- preguntó, extrañada, mientas la miraba a ella ahora.
-No tienes que molestarte... Estoy cansada de todo esto...
-¿Qué quieres... decir?
-No aguanto más este lugar...- dijo mientras bajaba la cabeza-. No soporto que esas tres estén todo el día persiguiéndome y molestándome. No quiero que esas alumnas irritantes me miren más con odio solo por ser la novia de Michael... ¡Estoy harta de toda esta mierda!- gritó, furiosa y mirándolos a todos con odio.
-Hermana...
-¡Desde hoy, dejo esta puñetera escuela! ¡Y podéis irle con el cuento a quien queráis, me da absolutamente igual!
-¡Jun! ¡No digas eso!- le gritó Saya mientras la agarraba por los hombros.
-Con respecto a ti, Michael...- dijo mientras avanzaba un paso hasta él, ignorando así a su "hermana"-. Si tú, que eres mi novio, no me crees... entonces ya no veo motivo por el que tenga que estar junto a ti. No quiero como novio a alguien que no es capaz de dar la cara por mí y que se cree a la primera de cambio lo que estas puedan decir o mostrar sobre mí. Ya me cansé de todo esto. Puedes quedarte con cualquier otra, pues ya he visto que no me quieres nada.
-¡Jun!- gritó Ren-. ¿Cómo puedes ser tan cruel?
-¿Qué cómo puedo ser tan cruel, dices? ¡Vosotros sois los crueles! Os odio... ¡Os odio a todos!- dijo mientras se alejaba corriendo.
-¡Jun, espera!- gritó Saya mientras la perseguía.
Al cabo de un rato, el patio se quedó en completo silencio.
Todos fijaban sus miradas ahora en Michael, él cual permanecía de pie, sin decir ni una sola palabra.
-Capitán...- le dijo Tom mientras se le acercaba.
-¿Estás bien, Michael?- le preguntó, por su parte, John.
Pero esa pregunta no obtuvo respuesta, pues el chico seguía callado.
-Michael...- le dijo Ren mientras le ponía una mano sobre su hombro derecho.
Para su mayor sorpresa, éste estaba totalmente caliente.
Acto seguido, se desmoronó y calló al suelo, inconsciente.
-¡Michael!- gritaron los tres mientras se agachaban rápidamente para ayudarlo.
-¡Tenemos que llevarlo a la enfermería!- gritó Ren.
-Iré a llamar a un profesor, vosotros quedaos con él- dijo Tom.
-Sí.
Mientras tanto, en la calle, Jun seguía corriendo en dirección a su casa.
Saya la seguía de cerca, pero aún así no podía alcanzarla.
-¿Qué ha pasado? No lo he entendido muy bien- le dijo la voz de Lirin mientras corría.
-No lo sé. De repente se ha puesto así y ha cortado con Michael...
-Sabía que no debiste decir nada, eso fue la gota que colmó el vaso.
-¡No me eches ahora la culpa a mí!
-Pero es tu culpa.
-Si él no confiaba en ella, tarde o temprando se iba a dar cuenta. Yo solo he sido la que lo ha adelantado todo.
-Pero piensa que ahora es muy posible que ella no quiera enfrentarse a su Padre.
-¿Qué?
-El motivo por el que ella iba a luchar era para proteger a Michael. Ahora que se ha enfadado así... ¿crees que seguirá queriendo luchar por esa razón?
-Ya, pero... ¿qué podemos hacer?
-Solo convencerla de que no haga locuras... Y yo que pensé que la que me iba a dar problemas ibas a ser tú...
-Pues lo siento si ha sido al revés.
-De todas formas... síguela y evita que se meta en problemas. Tal como está la situación, es tu deber arreglarlo. Así que... ¡corre!
-Ya va, ya va...
Al cabo de unos minutos, Jun llegó a su casa, abrió la puerta rápidamente y se adentró en ella cerrándola de nuevo, pero sin llave.
Una vez que su perseguidora se encontró a la altura del portal, entró también.
Cuando hubo avanzado unos pocos pasos, pudo darse cuenta de que Jun se encontraba ahora recostada sobre el sofá, boca abajo y aparentemente, llorando.
-Si te ibas a poner así, no haber dicho lo que dijiste.
-Pero es que es cierto. Estoy harta de todo esto... ¿qué clase de novio no confía en su novia?
-Aquellos que no se dan cuenta de nada. ¿No viste como estaba? Parecía ido...
-Me da igual. Si se encontraba mal, habérmelo dicho.
-No querría preocuparte.
-Eso es que no confía en mí. Lo mires por donde lo mires, la respuesta me da la razón. Tal vez me equivoqué al pensar que él era diferente al resto...
-No creo que haya sido así.
-¿Cómo lo sabes?
-Pues...- dijo mientras se sentaba sobre el borde del sofá y le acariciaba la cabeza lentamente-. porque he estado dentro de ti mucho tiempo y he vivido lo que tú.
-De todas formas ya no puedo volver...
-¿Cómo que no?
-Dije que me iba, ¿recuerdas?
-Pero yo aún sigo.
¿Qué quieres decir?
-Somos gemelas. Puedes hacerte pasar por mí e ir de incógnito. Una vez allí, te disculpas con él y asunto zanjado.
-No sería capaz de mirarle a la cara...
-Oh, vamos. ¿Desde cuando eres una cobarde? Me estás dejando en evidencia.
-Lo siento, pero no puedo hacerlo... He sido muy dura con él... ¿Y si ya no quiere volver a verme jamás?
-Qué pesimista... Estás actuando como una adolescente humana.
-Es que lo soy.
-Tú eres de una raza superior. Nunca lo olvides.
-Ya... lo que tú digas.
-Eres de la realeza de nuestro mundo. Como para no serlo.
-Pero...
-De todas formas, es mi culpa. No debí enfrentarme a esas chicas. Perdóname.
-No es culpa tuya. Solo querías hacer que se alejasen de mí- dijo mientras se incorporaba y la abrazaba-. Gracias, Saya...
-No las merezco...- respondió mientras le correspondía el abrazo.
En ese mismo instante, en el instituto, se encontraban John, Tom y Ren en la enfermería, esperando a que les dijesen algo sobre el estado de su capitán.
En eso, la enfermera salió a comunicarles lo delicado del asunto.
-Parece ser que Michael tiene una fiebre elevada. Le hemos colocado el termómetro y éste nos indica que su temperatura es de unos cuarenta y dos grados. Aún no sabemos la causa aparente, pues no padece ningún otro síntoma de resfrío. En estos casos, lo mejor es llamar a sus Padres y que ellos decidan si enviarlo al hospital o no.
-Espere, ¿ha dicho cuarenta y dos grados?
-Sí. He mirado a ver si era que el termómetro estuviese averiado, pero está perfectamente. Voy a llamar a sus Padres, podéis pasar a verlo si queréis. Eso sí, no arméis escándalo, por favor, él necesita reposo.
-Claro, no molestaremos.
-Gracias. Si me disculpáis...
Seguidamente, salió de la sala tranquilamente.
Acto seguido, los tres pasaron la cortina que separaba las camas de la puerta de salida y se acercaron hasta el chico, el cual estaba aún inconsciente.
-¿Creéis que ha sido por lo de Jun?
-No lo creo... él estaba algo apagado desde esta mañana.
-Pero estoy seguro de que lo de Jun le ha afectado bastante y ha terminado de enfermarlo.
-El mal de amores es increible. Aunque supongo que es algo que nunca comprenderemos tanto como él.
-Por ahora, lo que debemos hacer es apoyarlo. Ahora más que nunca es cuando necesita a sus amigos.
-Tienes razón.
-Chi...cos... - susurró una voz seca.
-¡Capitán!- gritaron los tres al ver de quien se trataba.
-No deberías hacer esfuerzos, tienes mucha fiebre.
-¿Dón...de...?
-Estás en la enfermería.
-No... no es... eso...
-¿Entonces qué?
-Déjalo, Ren. Capitán, lo mejor será que no hables- le dijo John, preocupado.
-Jun... dónde...
-Capitán, ella no va a venir...
-¿No recuerdas lo que pasó antes de que te desmayaras?
-No...
-Michel, ella...
Pero justo antes de que le dijese nada, Tom le tapó la boca y lo alejó un poco para que no pudiese oirlos.
-Shhh, ¿pretendes que empeore o qué?
-Pero tenemos que decírselo. No puede seguir pensando que ella es su novia.
-Por ahora le diremos que ella está ocupada con algo y que no puede venir. No quiero que se ponga peor con lo de Jun.
-Sé que quieres ayudarlo, pero si se da cuenta por alguien que no seamos nosotros, ¿crees que seguirá queriendo ser nuestro amigo?
-Lo hacemos por su bien, además... aún cabe la posibilidad de que todo se arregle.
-No sé tú, pero yo veía a Jun muy convencida de lo que decía.
-Es posible que estuviese furiosa y no se diese cuenta del daño de sus palabras. Estoy seguro de que ella aún lo ama.
-Ya, pero... ¿por qué estás tan seguro de que volverán juntos?
-Porque ella no soporta ver a Michael sufrir. En cuanto lo vea así, se preocupará y se acercará corriendo a ver qué le pasa. Siempre ha sido así.
-No sé yo... Opino que sueñas demasiado.
-Tú mantente callado y punto.
-Vale, vale. No quiero sufrir tu cólera.
-Eso, eso. Más te vale.
Después de eso, ambos regresaron donde su capitán.
-Verás, Michael...- prosiguió Ren-. Ella está muy ocupada ahora mismo. Tanto, que ha tenido que irse del instituto un tiempo. De todas formas, lo más importante ahora es que tú te mejores. La enfermera ha ido a llamar a tus Padres. Estarán aquí en seguida.
-De... acuerdo...
Seguidamente, se durmió de nuevo.
-Vaya... parece que está agotado.
-Supongo que hasta él se enferma así de vez en cuando.
-Es un humano, tío. Claro que se puede poner enfermo.
-Bueno, bueno... solo lo decía porque nunca lo había visto así.
-Chicos, será mejor que salgáis ya- dijo la enfermera mientras entraba en la sala-. Michael debe descansar, además de que su Madre ya viene para aquí.
-Suerte, enfermera.
-Ánimo- dijeron mientras salían y cerraban la puerta a su paso.
-¿Eh?-preguntó extrañada.
Pasaron los minutos y, después de media hora, la puerta de la enfermería se abrió de manera brusca, dejando así pasar a una mujer elevadamente exaltada.
-¡Mi niño, ¿dónde está mi niño?!- gritaba, histérica.
-Tranquilícese, señora. Su hijo es Michael, ¿cierto?
-Pues claro, ¿acaso no se nota el gran parecido que tiene conmigo? Pero dejémonos de tonterías, ¿dónde está mi angelito?
-Está acostado en la cama, descansando. Si lo cree necesario, puedo llamar a una ambulancia para que venga a buscarlo. Antes le dije que su temperatura era de cuarenta y dos grados, pero en este tiempo ha aumentado un grado. Lo más lógico sería llevarlo al hospital.
-¡¿A qué espera, entonces?! ¡Llame a quien haga falta! Solo quiero que mi niñito se ponga bien de nuevo- dijo mientras hacía como que se secaba las lágrimas, aún cuando no tenía ninguna.
-Enseguida- dijo mientras salía al pasillo, aliviada por alejarse un rato de aquella escandalosa señora.
-Oh, Michael- dijo mientras se acercaba a la cama donde el chico descansaba-. Otra vez no...- susurró mientras le ponía una de sus manos sobre su cabeza, acariciándole así su suave pelo rubio-. Por favor... que esta vez no te pase nada...
Bienvenidos.
Bienvenidos a mi blog.
Espero que os lo paséis genial.
¿Preparados para un poco de lectura y de animación?
Pues esta es tu página.
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viernes, 23 de julio de 2010
Corazón oscuro 38
Episodio 38º
Cuando el grupo entró en el edificio, Saya se paró en seco y Jun la imitó al verla.
-¿Qué pasa?- le preguntó, extrañada.
-Tengo...
-¿Si?
-Tengo que ir al baño un momento...- dijo, con una cara algo extraña.
-¿Te pasa algo?
-No... no lo sé...
Seguidamente, la chica se echó a correr.
-¡Eh, espera!- gritó Jun mientras la seguía.
-¡Pero chicas, que queda poco para que empiece la primera clase!
-Tranquilos, ya iremos más tarde- dijo mientras desaparecía tras una esquina.
-Qué extraño...- dijo Ren.
-Debe de sentirse mal. A lo mejor es el cambio de tiempo. ¿De dónde decíis que vino?
-Ni idea...- dijo mientras seguían adentrándose en el edificio y subían las escaleras rumbo al aula.
Mientras tanto, Jun perseguía a Saya rápidamente.
-¡Para, Saya! ¡Dime qué te pasa!
-¡Te digo que no lo sé!-gritó, sin dejar de correr.
Al cabo de un rato, la chica llegó a la puerta del baño y entró dentro.
Jun, al llegar después, hizo lo mismo y se la pudo encontrar dentro, mirándose al espejo.
-Saya... ¿estás bien?- dijo mientras se acercaba lentamente y le ponía una de sus manos sobre su hombro izquierdo.
-No... no lo sé...
-¿No sabes qué te pasa?
-De repente... de repente me ha asustado algo y no he podido evitar salir corriendo...
-¿Pero qué ha sido? Allí no había nada.
-Lo sé, pero... ha sido como una sensación que he tenido. No puedo explicarlo...
-¿Una... sensación? No estarás queriendo hacer algo malo, ¿verdad?
-No es eso... He... he sentido como si alguien hubiese despertado... alguien malvado y terrible... Mucho peor que yo...
-¿Pero de qué estás hablando? ¿Quieres decir que has sentido como si alguien que estaba durmiendo se hubiese despertado de repente?
-Sí... eso es...
-Yo sé qué ha podido causar ese escalofrío que ha sentido Saya- dijo una voz a sus espaldas.
-¡Lirin!- gritó Jun al verla.
-Lo más probable es que haya sentido como tu Padre... bueno, vuestro Padre... se ha despertado.
-¿Mi Padre? ¿Por qué iba Saya a sentirlo y yo no?
-Porque ella es tu parte malvada, Jun.
-¿Solo por eso?
-Sí. Al ser ella tu parte malvada, está en contacto con la parte malvada de vuestro Padre. Y como él ahora es todo mal, pues ha sentido cómo se ha despertado de su letargo.
-¿Quieres decir que él ha estado durmiendo todo este tiempo?
-Sí... Lo más seguro es que estuviese recuperando fuerzas. Recuerda que quiere hacerse con el poder para controlar todo el mundo. Este y el nuestro.
-Ya...
-Pero no te preocupes, Saya. Él está muy lejos de aquí, es por eso que no podrá hacerte nada.
-¿Por qué iba él a querer hacerle algo a ella? Solo es mi parte malvada en un muñeco vital.
-Me temo que tu Padre cree que, para lograr su objetivo, tiene que hacerse antes más malvado aún. Y piensa que la manera de hacerlo es absorviendo a Saya.
-¿Cómo sabes tú eso?
-Es lo que tu Madre cree. Ha convivido algunos años con él y sabe cómo piensa. Puede que se enamorase de él, pero aún así le vigilaba de cerca.
-Ya veo...
-Aún así, volved a clase. Yo estoy cerca, así que nadie con esencia mágica podrá acercarse aquí sin que yo lo note.
-Vale... Saya, volvamos.
-Sí...
Después de eso, Lirin desapareció y Jun acompañó a Saya hasta la clase.
Todos, al verlas, se quedaron bastante sorprendidos.
-Como os decía, os presento a vuestra nueva compañera- prosiguió el profesor después de que ambas irrumpiesen en la sala-. Ella se llama Saya Fujineko y, como podéis comprobar, es la hermana gemela de Jun. Te damos la bienvenida a nuestro instituto. Espero que te sientas a gusto aquí. Si tienes alguna duda, puedes preguntarme a mí, a tu hermana o al delegado.
-¡Sí!- dijo el delegado levantándose rápidamente para que conociese su identidad.
-Bien... gracias.
-Puedes sentarte justo detrás de Jun. Que ella te indique dónde es.
Seguidamente, Jun avanzó hasta su asiento, colocó su cartera en la perchita y se sentó.
Saya, al verla, hizo lo mismo pero en el asiento de detrás del de la chica.
-Bueno. Hoy proseguiremos con las preguntas del cuestionario de literatura. Espero que os hayáis leido el libro y que las hayáis respondido todas. Saya, como tú eres nueva, solo hace falta que atiendas y las vayas respondiendo sobre esta hoja, toma- dijo mientras le tendía la hoja con las preguntas.
-Ah... claro.
Las horas pasaron y las clases se hacían cada vez más pesadas.
Lo único que había de gratificante en ellas era que, como había una alumna nueva, pues todos los profesores perdían algo del tiempo inicial de la clase para darle la bienvenida y comunicarle cómo hacían las cosas en aquella asignatura.
Por supuesto, todos los alumnos estaban encantados con aquello, así que aprobechaban el tiempo para hablar entre ellos.
Al llegar el tiempo del recreo, bastantes alumnos y alumnas se acercaron hasta Saya para preguntarle cosas sobre su vida. La chica, por su parte, no estaba muy encantada con aquello. Odiaba que la agobiasen de esa manera.
-¿Y de dónde has venido?
-Eso, eso. ¿Dónde era el intercambio?
-¿Desde cuándo has estado allí?
-¿Por qué has regresado ahora? ¿se acabó el tiempo estipulado?
-No te habrán echado de allí por cometer algún acto bandálico, ¿no?
Las preguntas iban y venían, pero ninguna de ellas obtenía respuesta.
Aparentemente, Saya estaba haciendo un gran esfuerzo por no descontrolarse y acabar hiriendo a alguien, tal como había acordado.
-Parece que tu hermana está en apuros. ¿No vas a entrar en el bucle que se ha formado a ayudarla?
-No... quiero ver si es capaz de aguantar todo eso- le respondió a Ren.
Los cinco observaban todo lo que se había formado alrededor de la mesa de Saya desde la mesa de Michael, el cual estaba sentado sobre su silla con Jun sentada sobre sus piernas, pasándole él así uno de sus brazos por la cintura y esta, a su vez, uno de los suyos por sus hombros.
-Qué mala eres, Jun...- le dijo Ren, sentado sobre la mesa del chico.
-Bueno... es que quiero que lo solucione por sí misma. Si yo la ayudase, no le haría demasiado bien, ¿no crees?
-Sí, pero... un poco de ayuda nunca viene mal.
-De todas formas, estoy probando una cosa.
-¿El qué?
-Es un pequeño proyecto personal, nada importante.
-Vaya... ¿no nos lo vas a contar?- le preguntó John.
-No, lo siento. Son cosas mías.
-Como quieras.
-Bueno... ¿qué hacemos?- preguntó Michael.
-No sé...- respondió Ren-. La verdad es que me gustaría preguntarle también algunas cosas a tu hermana, Jun. Pero veo que no le hace demasiada gracia.
-Ya... creo que no tolera demasiado que la molesten así.
-Pues si yo fuera ella, ya habría hecho rato que habría saltado.
-Sí... eso es lo que intento ver.
-Así que pruebas la resistencia de tu hermana... No retiro lo de que eres mala, eh.
-Bueno... si tú lo crees así.
-¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, parad de una maldita vez!- gritó Saya mientras se levantaba bruscamente.
-Vaya, saltó.
-Ni que fuera un resorte.
-Ya, ya...
-¡¿Queréis dejar de preguntarme cosas?! ¡No os pienso responder, a ver si os enteráis de una vez!
-Qué arisca- dijo uno.
-¿Arisca?- preguntó mientras le enfocaba y se le iluminaban los ojos con un brillo tenebroso.
-Eh... sí...- dijo al verla, asustado.
-Si yo soy arisca...- dijo con una sonrisa malvada mientras se le acercaba-. ¡Tú eres un maldito mocoso pesado!- le gritó justo en frente de su cara, a apenas unos centímetros de distancia.
El chico cerró los ojos del miedo y salió corriendo acto seguido.
-Bah, qué miedica. ¿Alguno más?- dijo mientras se viraba hacia el resto de la gente.
-¡No!- gritaron todos al unísono mientras se iban rápidamente en direcciones diferentes.
-Je... perfecto. Así mejor- dijo mientras regresaba a su asiento y se sentaba.
-Hasta mucho has durado- le dijo Jun, que estaba de pie frente a su mesa.
-Bah, tú tampoco lo habrías soportado.
-He aguantado cosas peores. Al menos a ti no te marginan.
-No, yo diría que ahora me temen. Estos humanos y sus temores.
-Te recuerdo que tú ahora mismo eres algo menos que un humano. Eres un muñeco, ¿recuerdas?
-No me lo recuerdes. Odio que me hayan metido en esta cosa. En tu cuerpo podía hacer lo que quería...
-Sí, claro... Así hasta yo...
-¿Y por qué no?
-¿Qué?
-Quiero decir... ¿por qué no te vengas de todos aquellos que se burlaron de ti? Con tus poderes, los machacarías hasta dejarlos secos.
-Yo no soy así. A mí no me gusta vengarme de la gente.
-Sí, claro... Me olvidaba de que eres la niña buena de Mamá que intenta por todos los medios hacer lo que ella le ordena muy obedientemente. ¡¿Por qué no te liberas de toda esa carga y les dices que no?! ¡Si yo fuera tú, ahora mismo estaría lejos de donde pudiesen encontrarme haciendo lo que me da la gana tan tranquila! ¡Si no quieres luchar por esa causa porque te asusta, ¿por qué coño no huyes y te das la vida de lujo como podrías perfectamente hacerlo?!- le gritó mientras se levantaba para encararla.
-¡Porque yo no pienso dejar atrás a toda la gente que me importa solo porque tengo miedo!- le respondió, con lágrimas en los ojos-. ¡Puede que tú sí fueras capaz de huir, pero yo no! ¡No me atrevo a dejar aquí a nadie valioso para mí para que corra el riesgo de ser aniquilado por mi Padre! ¡Jamás haría eso!
-¡Siendo tan humilde no llegarás a nada! ¡Esa bondad solo te puede llevar a un rincón sin salida, ¿acaso no lo ves?!
-¡Pues no, no lo veo! ¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡¿No te importa nadie?!
-¡Pues sí, me importas tú, imbécil!
-¿Qué?
-Sé que no tengo derecho a decirlo, pero es la verdad. A pesar de que seamos casi la misma persona, solo me preocupo por ti. ¡¿Por qué te crees que hago todo lo que hago?!
-Pero... eso quiere decir que... todo lo que le intentaste hacer a Tom y todo lo que me has contado ahora... ¿era tu manera de protegerme a mí?
-Uh...- resopló mientras miraba para otro lado.
Seguidamente, Jun la abrazó rápidamente mientras lloraba.
-¡Lo siento! ¡Perdóname!
-¿Qué...? Pero...
-Pensé que solo lo hacías porque te gustaba hacerle daño a la gente...
-Y me gusta, pero... Para mí, lo más valioso serás siempre tú, Jun- dijo mientras la abrazaba también.
-Pero no hagas nada malo, por favor- le dijo mientras se separaba de ella-. No quiero que hieras a nadie por mí, estoy bien, en serio. Todo lo que antes me pasaba... yo no existe, es parte del pasado. No me gustaría ver cómo asesinas a gente por mí, no podría soportarlo.
-Vale... lo intentaré...
-Bien- dijo mientras le dejaba ver una gran sonrisa de satisfacción.
-Bueno... ¿me disculpas? Creo que tengo que ir al baño.
-Ah, vale, pero... ¿los muñecos van a la baño?
-No lo sé... Pero recuerdo cómo era eso de tener ganas de ir, así que es por eso por lo que ahora te digo que necesito ir.
-Vale... ve.
-Hasta luego.
-Sí...
Después de eso, Saya se marchó de la clase.
Mientras avanzaba, no podía creerse que le hubiera confesado aquello a Jun. Aquel no era su estilo, y ella lo sabía de sobra.
Al cabo de un rato, entró en el baño y, pasados unos minutos, salió poniendo rumbo de vuelta al aula.
Pero justo antes de girar la esquina del pasillo, tres chicas le taponaron el camino.
-Anda... pero si es Jun.
-¿Qué? Yo no...
-No te hagas la tonta ahora, niña. Como ahora tu hermana ha venido, te crees más fuerte, ¿no? Pues que sepas que nosotras no vamos a flaquear con respecto a nuestro asunto pendiente.
-Escucha, Lissy, me da igual lo que me digas, no me interesa. Además, yo no soy...- pero rápidamente se tapó la boca.
La verdad es que lo había estropeado.
Era imposible que ella, que era nueva, se supiese su nombre. Así que ahora no podía decirle que en realidad no era Jun, así que tuvo que aguantarse y esperar a que aquellas tres pesadas se marchasen.
-¿Qué? ¿Ahora te quedas callada? Que sepas que ya no tenemos miedo de esos poderes extraños que posees. Nos hemos estado mentalizando todo este tiempo, ya no nos asustas. ¡Por Michael somos capaces de cualquier cosa!
-Claro... Y aún así fuiste capaz de decirle al profesor en aquella ocasión que él te había atacado. Si sois capaces de decir estupideces como estas por él, ¿por qué no sois capaces también de afrontar los castigos por él? Qué estupidez más grande. Vosotras no sentiis nada por él, solo le queréis porque es guapo y no sé qué cosas más. Sois despreciables- les dijo mientras sus pupilas se volvían paralelas, cual gato.
Pero entonces se dio cuenta, ya lo había hecho otra vez.
Se había jurado mantenerse callada y aguantar hasta que se fueran, pero ahora lo había enredado todo más aún.
No podía creerse que hubiera sido capaz de decir aquello. Ahora era imposible demostrar que ella no era la chica con la que ellas creían estarse metiendo.
-Eso... eso fue un error mío, nada más. No pensé en las consecuencias.
-Claro que no lo hiciste, arpía despiadada. Deberíais morir las tres y dejar de molestar. Vuestra presencia me irrita, así que será mejor que os larguéis de mi vista si no queréis que empiece a partios la cara una por una.
-¿Te crees muy dura solo porque Michael es tu novio, no? Pues veamos si lo eres realmente cuando toda la escuela se entere de lo que nos has dicho. A ver si tu querido Michael te sigue queriendo tanto.
-¿Y quién os va a creer? Sois las locas del centro.
-A nosotras puede que no, pero a esta videocámara seguro que sí que la creen- dijo mientras la sacaba de donde estaba oculta.
-Grr- gruñó al verla-. ¡Trae acá eso!- gritó mientras se avalanzaba sobre ella.
-Chicas- dijo.
-¡Sí, jefa!
Seguidamente, las otras dos se pusieron entre ellas, cortándole así el paso.
-Hasta nunca perdedora- le dijo mientras se iba corriendo.
-¡Maldita sea! ¡Dejadme pasar, estúpidas!- dijo mientras las empujaba y caían al suelo.
Después de eso, se apresuró a perseguirla, pero al llegar a una esquina, ya la había perdido de vista.
-¡Maldición! ¡Si aún tuviese mis poderes, esto no habría pasado!
Mientras tanto, en el patio donde se encontrraban Michael y los demás y todos los alumnos de su clase, Lissy se había puesto encima de un banco reclamando así antención. Las únicas que faltaban eran las hermanas, pues Jun se encontraba en el baño del otro edificio y Saya no había podido plantearse que hubiese ido hasta ahí.
-¡Escuchadme con atención, Michael y demás!- gritó.
-¿Qué quieres ahora, pesada?- le preguntó Ren, algo angustiado porque había detenido su partido de fútbol.
-Quiero que todos veais, en especial tú, mi querido Michael, lo que vuestra tan adorada Jun nos ha dicho a mis amigas y a mí hace tan solo un momento.
Acto seguido, la chica sacó la videocámara y se bajó del banco, formándose así un gran grupo a su alrededor.
Cuando todos hubieron visto el vídeo, se quedaron bastante sorprendidos. Se lo habían tragado de lleno, de eso no cabía duda.
-Ey, ¿qué pasa?- dijo la verdadera Jun mientras llegaba del otro edificio.
-Eso mismo te decimos nosotros a ti, Jun. ¿Qué te pasa?
-¿Eh? ¿Por qué lo preguntas, John?
-No te hagas la tonta, lo hemos visto todo. Lissy nos lo ha enseñado- le dijo otro chico de su clase.
-¿El qué? ¿Qué os ha enseñado?- preguntó, sin saber de qué se trataba aún.
-Jun... tú...- tartamudeó Michael.
-¿Yo qué? No me estoy enterando de nada. ¿Qué es? ¿Una especie de comedia sobre mí o qué?
-Me parece despreciable que siga intentando hacerse la inocente. ¿Por qué no admites ante todos que nos has amenazado de muerte a mis amigas y a mí?
-¿Cómo? Si yo he estado en el baño del otro edificio todo el tiempo.
-No somos idiotas, Jun.
-¿No os habréis confundido con Saya? Ella suele ser algo violenta a veces... pero no es culpa suya...
-No ha podido ser ella porque tú eres la única que sabía lo que pasó aquella vez con Michael. La única de las dos, quiero decir.
-¿Eh? Pero si yo...
-Jun...
-¿Tú las crees, Michael?
-Nos han mostrado un vídeo...
-¡Pero Michael, tú sabes perfectamente que yo no sería capaz de algo así!
-¡Silencio! No dudaremos en enseñarle esto al director del instituto y así tomarán medidas contra ti.
-¡Serás expulsada, Jun!
-¡Se te va a caer el pelo!
-¡No te nos acerques más!
-¡Y pensar que creíamos que eras buena persona!
-¡Mala persona!
Esas eran muchas de las cosas que le decían todos los alumnos de su clase.
La verdad es que no sabía qué hacer, solo deseaba salir corriendo.
"¿Por qué no te vengas de todos aquellos que se burlaron de ti? Con tus poderes, los machacarías hasta dejarlos secos."
Sí, cierto... aquello que Saya decía tenía sentido. Si no la creían, entonces solo le quedaban dos opciones. O huir, o luchar. Y estaba claro que no iba a huir, así que...
Seguidamente, bajó la cabeza haciendo así que su fleco le tapase la cara. Sus ojos tomaron un color rojo furia y sus pupilas volvieron a tornarse verticales.
Ya solo le quedaba... atacarles a todos...
Cuando el grupo entró en el edificio, Saya se paró en seco y Jun la imitó al verla.
-¿Qué pasa?- le preguntó, extrañada.
-Tengo...
-¿Si?
-Tengo que ir al baño un momento...- dijo, con una cara algo extraña.
-¿Te pasa algo?
-No... no lo sé...
Seguidamente, la chica se echó a correr.
-¡Eh, espera!- gritó Jun mientras la seguía.
-¡Pero chicas, que queda poco para que empiece la primera clase!
-Tranquilos, ya iremos más tarde- dijo mientras desaparecía tras una esquina.
-Qué extraño...- dijo Ren.
-Debe de sentirse mal. A lo mejor es el cambio de tiempo. ¿De dónde decíis que vino?
-Ni idea...- dijo mientras seguían adentrándose en el edificio y subían las escaleras rumbo al aula.
Mientras tanto, Jun perseguía a Saya rápidamente.
-¡Para, Saya! ¡Dime qué te pasa!
-¡Te digo que no lo sé!-gritó, sin dejar de correr.
Al cabo de un rato, la chica llegó a la puerta del baño y entró dentro.
Jun, al llegar después, hizo lo mismo y se la pudo encontrar dentro, mirándose al espejo.
-Saya... ¿estás bien?- dijo mientras se acercaba lentamente y le ponía una de sus manos sobre su hombro izquierdo.
-No... no lo sé...
-¿No sabes qué te pasa?
-De repente... de repente me ha asustado algo y no he podido evitar salir corriendo...
-¿Pero qué ha sido? Allí no había nada.
-Lo sé, pero... ha sido como una sensación que he tenido. No puedo explicarlo...
-¿Una... sensación? No estarás queriendo hacer algo malo, ¿verdad?
-No es eso... He... he sentido como si alguien hubiese despertado... alguien malvado y terrible... Mucho peor que yo...
-¿Pero de qué estás hablando? ¿Quieres decir que has sentido como si alguien que estaba durmiendo se hubiese despertado de repente?
-Sí... eso es...
-Yo sé qué ha podido causar ese escalofrío que ha sentido Saya- dijo una voz a sus espaldas.
-¡Lirin!- gritó Jun al verla.
-Lo más probable es que haya sentido como tu Padre... bueno, vuestro Padre... se ha despertado.
-¿Mi Padre? ¿Por qué iba Saya a sentirlo y yo no?
-Porque ella es tu parte malvada, Jun.
-¿Solo por eso?
-Sí. Al ser ella tu parte malvada, está en contacto con la parte malvada de vuestro Padre. Y como él ahora es todo mal, pues ha sentido cómo se ha despertado de su letargo.
-¿Quieres decir que él ha estado durmiendo todo este tiempo?
-Sí... Lo más seguro es que estuviese recuperando fuerzas. Recuerda que quiere hacerse con el poder para controlar todo el mundo. Este y el nuestro.
-Ya...
-Pero no te preocupes, Saya. Él está muy lejos de aquí, es por eso que no podrá hacerte nada.
-¿Por qué iba él a querer hacerle algo a ella? Solo es mi parte malvada en un muñeco vital.
-Me temo que tu Padre cree que, para lograr su objetivo, tiene que hacerse antes más malvado aún. Y piensa que la manera de hacerlo es absorviendo a Saya.
-¿Cómo sabes tú eso?
-Es lo que tu Madre cree. Ha convivido algunos años con él y sabe cómo piensa. Puede que se enamorase de él, pero aún así le vigilaba de cerca.
-Ya veo...
-Aún así, volved a clase. Yo estoy cerca, así que nadie con esencia mágica podrá acercarse aquí sin que yo lo note.
-Vale... Saya, volvamos.
-Sí...
Después de eso, Lirin desapareció y Jun acompañó a Saya hasta la clase.
Todos, al verlas, se quedaron bastante sorprendidos.
-Como os decía, os presento a vuestra nueva compañera- prosiguió el profesor después de que ambas irrumpiesen en la sala-. Ella se llama Saya Fujineko y, como podéis comprobar, es la hermana gemela de Jun. Te damos la bienvenida a nuestro instituto. Espero que te sientas a gusto aquí. Si tienes alguna duda, puedes preguntarme a mí, a tu hermana o al delegado.
-¡Sí!- dijo el delegado levantándose rápidamente para que conociese su identidad.
-Bien... gracias.
-Puedes sentarte justo detrás de Jun. Que ella te indique dónde es.
Seguidamente, Jun avanzó hasta su asiento, colocó su cartera en la perchita y se sentó.
Saya, al verla, hizo lo mismo pero en el asiento de detrás del de la chica.
-Bueno. Hoy proseguiremos con las preguntas del cuestionario de literatura. Espero que os hayáis leido el libro y que las hayáis respondido todas. Saya, como tú eres nueva, solo hace falta que atiendas y las vayas respondiendo sobre esta hoja, toma- dijo mientras le tendía la hoja con las preguntas.
-Ah... claro.
Las horas pasaron y las clases se hacían cada vez más pesadas.
Lo único que había de gratificante en ellas era que, como había una alumna nueva, pues todos los profesores perdían algo del tiempo inicial de la clase para darle la bienvenida y comunicarle cómo hacían las cosas en aquella asignatura.
Por supuesto, todos los alumnos estaban encantados con aquello, así que aprobechaban el tiempo para hablar entre ellos.
Al llegar el tiempo del recreo, bastantes alumnos y alumnas se acercaron hasta Saya para preguntarle cosas sobre su vida. La chica, por su parte, no estaba muy encantada con aquello. Odiaba que la agobiasen de esa manera.
-¿Y de dónde has venido?
-Eso, eso. ¿Dónde era el intercambio?
-¿Desde cuándo has estado allí?
-¿Por qué has regresado ahora? ¿se acabó el tiempo estipulado?
-No te habrán echado de allí por cometer algún acto bandálico, ¿no?
Las preguntas iban y venían, pero ninguna de ellas obtenía respuesta.
Aparentemente, Saya estaba haciendo un gran esfuerzo por no descontrolarse y acabar hiriendo a alguien, tal como había acordado.
-Parece que tu hermana está en apuros. ¿No vas a entrar en el bucle que se ha formado a ayudarla?
-No... quiero ver si es capaz de aguantar todo eso- le respondió a Ren.
Los cinco observaban todo lo que se había formado alrededor de la mesa de Saya desde la mesa de Michael, el cual estaba sentado sobre su silla con Jun sentada sobre sus piernas, pasándole él así uno de sus brazos por la cintura y esta, a su vez, uno de los suyos por sus hombros.
-Qué mala eres, Jun...- le dijo Ren, sentado sobre la mesa del chico.
-Bueno... es que quiero que lo solucione por sí misma. Si yo la ayudase, no le haría demasiado bien, ¿no crees?
-Sí, pero... un poco de ayuda nunca viene mal.
-De todas formas, estoy probando una cosa.
-¿El qué?
-Es un pequeño proyecto personal, nada importante.
-Vaya... ¿no nos lo vas a contar?- le preguntó John.
-No, lo siento. Son cosas mías.
-Como quieras.
-Bueno... ¿qué hacemos?- preguntó Michael.
-No sé...- respondió Ren-. La verdad es que me gustaría preguntarle también algunas cosas a tu hermana, Jun. Pero veo que no le hace demasiada gracia.
-Ya... creo que no tolera demasiado que la molesten así.
-Pues si yo fuera ella, ya habría hecho rato que habría saltado.
-Sí... eso es lo que intento ver.
-Así que pruebas la resistencia de tu hermana... No retiro lo de que eres mala, eh.
-Bueno... si tú lo crees así.
-¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, parad de una maldita vez!- gritó Saya mientras se levantaba bruscamente.
-Vaya, saltó.
-Ni que fuera un resorte.
-Ya, ya...
-¡¿Queréis dejar de preguntarme cosas?! ¡No os pienso responder, a ver si os enteráis de una vez!
-Qué arisca- dijo uno.
-¿Arisca?- preguntó mientras le enfocaba y se le iluminaban los ojos con un brillo tenebroso.
-Eh... sí...- dijo al verla, asustado.
-Si yo soy arisca...- dijo con una sonrisa malvada mientras se le acercaba-. ¡Tú eres un maldito mocoso pesado!- le gritó justo en frente de su cara, a apenas unos centímetros de distancia.
El chico cerró los ojos del miedo y salió corriendo acto seguido.
-Bah, qué miedica. ¿Alguno más?- dijo mientras se viraba hacia el resto de la gente.
-¡No!- gritaron todos al unísono mientras se iban rápidamente en direcciones diferentes.
-Je... perfecto. Así mejor- dijo mientras regresaba a su asiento y se sentaba.
-Hasta mucho has durado- le dijo Jun, que estaba de pie frente a su mesa.
-Bah, tú tampoco lo habrías soportado.
-He aguantado cosas peores. Al menos a ti no te marginan.
-No, yo diría que ahora me temen. Estos humanos y sus temores.
-Te recuerdo que tú ahora mismo eres algo menos que un humano. Eres un muñeco, ¿recuerdas?
-No me lo recuerdes. Odio que me hayan metido en esta cosa. En tu cuerpo podía hacer lo que quería...
-Sí, claro... Así hasta yo...
-¿Y por qué no?
-¿Qué?
-Quiero decir... ¿por qué no te vengas de todos aquellos que se burlaron de ti? Con tus poderes, los machacarías hasta dejarlos secos.
-Yo no soy así. A mí no me gusta vengarme de la gente.
-Sí, claro... Me olvidaba de que eres la niña buena de Mamá que intenta por todos los medios hacer lo que ella le ordena muy obedientemente. ¡¿Por qué no te liberas de toda esa carga y les dices que no?! ¡Si yo fuera tú, ahora mismo estaría lejos de donde pudiesen encontrarme haciendo lo que me da la gana tan tranquila! ¡Si no quieres luchar por esa causa porque te asusta, ¿por qué coño no huyes y te das la vida de lujo como podrías perfectamente hacerlo?!- le gritó mientras se levantaba para encararla.
-¡Porque yo no pienso dejar atrás a toda la gente que me importa solo porque tengo miedo!- le respondió, con lágrimas en los ojos-. ¡Puede que tú sí fueras capaz de huir, pero yo no! ¡No me atrevo a dejar aquí a nadie valioso para mí para que corra el riesgo de ser aniquilado por mi Padre! ¡Jamás haría eso!
-¡Siendo tan humilde no llegarás a nada! ¡Esa bondad solo te puede llevar a un rincón sin salida, ¿acaso no lo ves?!
-¡Pues no, no lo veo! ¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡¿No te importa nadie?!
-¡Pues sí, me importas tú, imbécil!
-¿Qué?
-Sé que no tengo derecho a decirlo, pero es la verdad. A pesar de que seamos casi la misma persona, solo me preocupo por ti. ¡¿Por qué te crees que hago todo lo que hago?!
-Pero... eso quiere decir que... todo lo que le intentaste hacer a Tom y todo lo que me has contado ahora... ¿era tu manera de protegerme a mí?
-Uh...- resopló mientras miraba para otro lado.
Seguidamente, Jun la abrazó rápidamente mientras lloraba.
-¡Lo siento! ¡Perdóname!
-¿Qué...? Pero...
-Pensé que solo lo hacías porque te gustaba hacerle daño a la gente...
-Y me gusta, pero... Para mí, lo más valioso serás siempre tú, Jun- dijo mientras la abrazaba también.
-Pero no hagas nada malo, por favor- le dijo mientras se separaba de ella-. No quiero que hieras a nadie por mí, estoy bien, en serio. Todo lo que antes me pasaba... yo no existe, es parte del pasado. No me gustaría ver cómo asesinas a gente por mí, no podría soportarlo.
-Vale... lo intentaré...
-Bien- dijo mientras le dejaba ver una gran sonrisa de satisfacción.
-Bueno... ¿me disculpas? Creo que tengo que ir al baño.
-Ah, vale, pero... ¿los muñecos van a la baño?
-No lo sé... Pero recuerdo cómo era eso de tener ganas de ir, así que es por eso por lo que ahora te digo que necesito ir.
-Vale... ve.
-Hasta luego.
-Sí...
Después de eso, Saya se marchó de la clase.
Mientras avanzaba, no podía creerse que le hubiera confesado aquello a Jun. Aquel no era su estilo, y ella lo sabía de sobra.
Al cabo de un rato, entró en el baño y, pasados unos minutos, salió poniendo rumbo de vuelta al aula.
Pero justo antes de girar la esquina del pasillo, tres chicas le taponaron el camino.
-Anda... pero si es Jun.
-¿Qué? Yo no...
-No te hagas la tonta ahora, niña. Como ahora tu hermana ha venido, te crees más fuerte, ¿no? Pues que sepas que nosotras no vamos a flaquear con respecto a nuestro asunto pendiente.
-Escucha, Lissy, me da igual lo que me digas, no me interesa. Además, yo no soy...- pero rápidamente se tapó la boca.
La verdad es que lo había estropeado.
Era imposible que ella, que era nueva, se supiese su nombre. Así que ahora no podía decirle que en realidad no era Jun, así que tuvo que aguantarse y esperar a que aquellas tres pesadas se marchasen.
-¿Qué? ¿Ahora te quedas callada? Que sepas que ya no tenemos miedo de esos poderes extraños que posees. Nos hemos estado mentalizando todo este tiempo, ya no nos asustas. ¡Por Michael somos capaces de cualquier cosa!
-Claro... Y aún así fuiste capaz de decirle al profesor en aquella ocasión que él te había atacado. Si sois capaces de decir estupideces como estas por él, ¿por qué no sois capaces también de afrontar los castigos por él? Qué estupidez más grande. Vosotras no sentiis nada por él, solo le queréis porque es guapo y no sé qué cosas más. Sois despreciables- les dijo mientras sus pupilas se volvían paralelas, cual gato.
Pero entonces se dio cuenta, ya lo había hecho otra vez.
Se había jurado mantenerse callada y aguantar hasta que se fueran, pero ahora lo había enredado todo más aún.
No podía creerse que hubiera sido capaz de decir aquello. Ahora era imposible demostrar que ella no era la chica con la que ellas creían estarse metiendo.
-Eso... eso fue un error mío, nada más. No pensé en las consecuencias.
-Claro que no lo hiciste, arpía despiadada. Deberíais morir las tres y dejar de molestar. Vuestra presencia me irrita, así que será mejor que os larguéis de mi vista si no queréis que empiece a partios la cara una por una.
-¿Te crees muy dura solo porque Michael es tu novio, no? Pues veamos si lo eres realmente cuando toda la escuela se entere de lo que nos has dicho. A ver si tu querido Michael te sigue queriendo tanto.
-¿Y quién os va a creer? Sois las locas del centro.
-A nosotras puede que no, pero a esta videocámara seguro que sí que la creen- dijo mientras la sacaba de donde estaba oculta.
-Grr- gruñó al verla-. ¡Trae acá eso!- gritó mientras se avalanzaba sobre ella.
-Chicas- dijo.
-¡Sí, jefa!
Seguidamente, las otras dos se pusieron entre ellas, cortándole así el paso.
-Hasta nunca perdedora- le dijo mientras se iba corriendo.
-¡Maldita sea! ¡Dejadme pasar, estúpidas!- dijo mientras las empujaba y caían al suelo.
Después de eso, se apresuró a perseguirla, pero al llegar a una esquina, ya la había perdido de vista.
-¡Maldición! ¡Si aún tuviese mis poderes, esto no habría pasado!
Mientras tanto, en el patio donde se encontrraban Michael y los demás y todos los alumnos de su clase, Lissy se había puesto encima de un banco reclamando así antención. Las únicas que faltaban eran las hermanas, pues Jun se encontraba en el baño del otro edificio y Saya no había podido plantearse que hubiese ido hasta ahí.
-¡Escuchadme con atención, Michael y demás!- gritó.
-¿Qué quieres ahora, pesada?- le preguntó Ren, algo angustiado porque había detenido su partido de fútbol.
-Quiero que todos veais, en especial tú, mi querido Michael, lo que vuestra tan adorada Jun nos ha dicho a mis amigas y a mí hace tan solo un momento.
Acto seguido, la chica sacó la videocámara y se bajó del banco, formándose así un gran grupo a su alrededor.
Cuando todos hubieron visto el vídeo, se quedaron bastante sorprendidos. Se lo habían tragado de lleno, de eso no cabía duda.
-Ey, ¿qué pasa?- dijo la verdadera Jun mientras llegaba del otro edificio.
-Eso mismo te decimos nosotros a ti, Jun. ¿Qué te pasa?
-¿Eh? ¿Por qué lo preguntas, John?
-No te hagas la tonta, lo hemos visto todo. Lissy nos lo ha enseñado- le dijo otro chico de su clase.
-¿El qué? ¿Qué os ha enseñado?- preguntó, sin saber de qué se trataba aún.
-Jun... tú...- tartamudeó Michael.
-¿Yo qué? No me estoy enterando de nada. ¿Qué es? ¿Una especie de comedia sobre mí o qué?
-Me parece despreciable que siga intentando hacerse la inocente. ¿Por qué no admites ante todos que nos has amenazado de muerte a mis amigas y a mí?
-¿Cómo? Si yo he estado en el baño del otro edificio todo el tiempo.
-No somos idiotas, Jun.
-¿No os habréis confundido con Saya? Ella suele ser algo violenta a veces... pero no es culpa suya...
-No ha podido ser ella porque tú eres la única que sabía lo que pasó aquella vez con Michael. La única de las dos, quiero decir.
-¿Eh? Pero si yo...
-Jun...
-¿Tú las crees, Michael?
-Nos han mostrado un vídeo...
-¡Pero Michael, tú sabes perfectamente que yo no sería capaz de algo así!
-¡Silencio! No dudaremos en enseñarle esto al director del instituto y así tomarán medidas contra ti.
-¡Serás expulsada, Jun!
-¡Se te va a caer el pelo!
-¡No te nos acerques más!
-¡Y pensar que creíamos que eras buena persona!
-¡Mala persona!
Esas eran muchas de las cosas que le decían todos los alumnos de su clase.
La verdad es que no sabía qué hacer, solo deseaba salir corriendo.
"¿Por qué no te vengas de todos aquellos que se burlaron de ti? Con tus poderes, los machacarías hasta dejarlos secos."
Sí, cierto... aquello que Saya decía tenía sentido. Si no la creían, entonces solo le quedaban dos opciones. O huir, o luchar. Y estaba claro que no iba a huir, así que...
Seguidamente, bajó la cabeza haciendo así que su fleco le tapase la cara. Sus ojos tomaron un color rojo furia y sus pupilas volvieron a tornarse verticales.
Ya solo le quedaba... atacarles a todos...
Corazón oscuro 37
Episodio 37º
La princesa, al ver el cuerpo dormido de su hija, no pudo evitar sobresaltarse.
Por debajo de sus ojos se podían ver unas marcas negras que daban a entender que había sido dominada por una fuerza oscura y maligna. Cosa que no le agradaba nada.
-Quería pediros un muñeco vital. Así podríamos separar a la parte malvada de la real.
-Creo que tenía uno por aquí, aunque no sé dónde exactamente.
-Entonces lo buscaré, ¿se encargará usted de hacer el traspaso?
-Claro. Yo me ocuparé de ello, tranquila.
-De acuerdo.
Después de eso, Lirin sacó sus dos pequeñas alas negras y revoloteó por toda la estancia en busca del muñeco vital.
Mientras tanto, la princesa se acercó hasta el cuerpo de su hija y se agachó a su lado, poniéndole así su mano izquierda sobre su frente.
-Hija, ¿estás ahí?
-Sí, Madre... Lo siento, he sucumbido a la oscuridad de mi corazón...
-No te preocupes. Muchas veces, dicha oscuridad se hace más poderosa al estar encerrada durante tanto tiempo. Ahora solo debes preocuparte por regresar a tu cuerpo original.
-Sí, eso haré.
-¿Lo tienes ya, Lirin?- preguntó mientras se levantaba de nuevo.
-Sí, aquí está. Voy a bajarlo hasta ahí- dijo desde un armario en lo alto de la pared.
Seguidamente, la espectro cogió una especie de muñeco a tamaño real de dentro del armario y lo bajó hasta donde se encontraba la princesa junto al cuerpo de Jun.
-Bien, vamos a proceder a introducir la parte malvada dentro de este muñeco vital. Para ello, necesitaré que lo coloques sobre aquella camilla de allí- dijo mientras la señalaba-. Yo pondré el cuerpo de Jun sobre la que está justo al lado.
-De acuerdo, enseguida lo hago- dijo mientras volaba hasta donde le había dicho.
Una vez colocados el cuerpo y el muñeco vital, la princesa conectó unos cables a sus partes más vitales como lo son la cabeza, el corazón, las extremidades, el tórax, etc.
-Tienes que hacerte un poco para atrás, Lirin. No quiero que la magia empleada afecte a tus poderes internos.
-Sí, claro...- dijo mientras saltaba hacia atrás y se alejaba a una distancia considerable-. Pero... ¿y usted?
-No te preocupes por mí. Este tipo de magia no afecta negativamente a quien la realiza.
-Ah... está bien, entonces...
Acto seguido, la princesa realizó unos movimientos sobre la máquina de la cual procedían los cables empleados para conectar las partes del cuerpo de Jun.
Al cabo de unos segundos, ésta empezó a sonar extrañamente y unos colores empezaron a parpadear.
Poco a poco, los dos cuerpos empezaron a tomar un aura azul oscuro alrededor y siguieron así durante unos minutos.
De nuevo, la encargada de que aquello funcionase, hizo algunas pulsasiones sobre algunos botones de la máquina y el aura comenzó a desaparecer. A su vez, el muñeco vital había empezado a coger todas las características físicas de Jun y, una vez terminado el proceso y apagado el objeto, los dos cuerpos eran idénticos.
-Bueno... ya está.
-¿La parte malvada de Jun se encuentra ahora en el muñeco vital?
-Eso es. Ahora solo nos queda traer de vuelta a la verdadera Jun a su cuerpo original. Necesitaré tu ayuda para eso, Lirin.
-Claro- dijo mientras se acercaba a paso ligero.
Después de eso, ambas se pusieron a cada lado de la camilla y posaron sus manos, unidas, sobre la frente de la chica.
Rápidamente, ésta abrió los ojos.
-¿Qué?- dijo incorporándose rápidamente.
-Tranquila, ya estás en tu cuerpo.
-Ah... sí...- dijo mientras se palpaba su propio estómago y se miraba las manos, acto seguido.
-Bueno... ¿qué hacemos con esto?- dijo Lirin mientras señalaba al muñeco dormido.
-Como es su parte maligna, lo mejor será encerrarla por el momento. Como solo es un muñeco, cualquier cosa valdrá para la tarea, pues los poderes se han quedado en el cuerpo real.
-Bien... iré a traer una de esas jaulas que usábamos para encerrar a los prisioneros de guerra...- dijo mientras corría hasta un pasillo cercano.
Seguidamente, Jun intentó levantarse, pero un mareo se lo impidió.
-La magia aún está fluyendo por tu cuerpo. Será mejor que esperes a que los efectos se disipen.
-Ah... claro...
-No te preocupes, ya nada podrá volverte a dominar. Por lo menos, no nada parecido a esto.
-¿Qué harás con mi otra yo?
-Lo más seguro por el momento es mantenerla encerrada. Pero no sabemos cómo pueden girar las cosas. A lo mejor, hasta llega a sernos útil para derrotar a tu Padre.
-¿Tú crees que colaboraría en caso de ser así?
-Eso espero. Si no, tendríamos que arrebatarle su esencia mágica e implartártela a ti.
-¿Eso no sería peligroso?
-En absoluto si se hace bien. Confía en mí, lo lograrás.
-Si tú lo dices...
-Ya está- dijo Lirin mientras se acercaba, arrastrando a la vez la celda que había encontrado para la finalidad de encerrar a la parte oscura de Jun.
-Bien. Lirin, métela dentro. No sabemos cuándo podría despertarse.
-Sí, enseguida- dijo a la vez que se acercaba hasta la camilla donde el muñeco reposaba y lo cogía en brazos.
Acto seguido, la introdujo dentro de la celda portátil y la cerró con llave.
-Bueno... voy a alejarla un poco.
-De acuerdo, Lirin.
Al hacerlo, ésta se acercó de nuevo hasta donde Jun se encontraba.
-¿Estás bien? Eso debió de agotarte.
-Tranquila, estoy perfectamente. Ahora lo único que me preocupa es cómo puede estar Tom. Al parecer, le dejé bastante mal...
-Vamos... yo le di mis objetos curativos, estará perfectamente ya.
-¿Tú crees?
-Claro. Yo nunca llevo cosas que no funcionan, ¿o no?
-Sí... tienes razón. Perdona por dudar de ti, Lirin.
-No te preocupes, je, je, je.
-Bueno... sea como sea, debemos tener cuidado. No sabemos cómo puede reaccionar tu otra personalidad. No debemos dejar que escape bajo ningún concepto.
-Descuide, princesa, yo me encargaré de que no se salga con la suya.
-Bien... la dejo a tu cargo, Lirin.
-Pero qué...- se oyó una voz cercana.
Cuando pudieron darse cuenta, se fijaron en que el muñeco había abierto los ojos y ahora se encontraba de pie en el centro de la jaula.
-¡Eh! ¡Sacadme de aquí ahora mismo!- dijo mientras agarraba los barrotes e intentaba abrirlos por la fuerza.
-No podrás escapar de ahí. Ya no estás en el cuerpo de mi hija, por lo que no tienes ningún poder.
-¡¿Cómo?!
-Lo que oyes. Se acabó el hacer fechorías- le dijo Lirin a la vez que le sacaba la lengua, en plan burla.
-¡Ya verás cuando te coja, bicho con alas!
-Oh... ¿y qué vas a hacerme? Ya no tienes ningún poder y no puedes acceder de ninguna manera al cuerpo real de Jun. No tienes la fuerza necesaria como para derrotarme siquiera en una lucha de dedos. ¡Tooonta!- le dijo mientras le volvía a sacar la lengua.
-Basta de tonterías, Lirin. No le sigas la corriente. Así solo demuestras que tú eres más tonta que ella.
-¡Sí! Lo siento, princesa...
-En cuanto a ti, tendremos que ver qué hacemos contigo.
-¿Por qué no se viene al mundo real conmigo y aparenta ser mi gemela?
-¿Eh?
-Si Lirin la vigila para que no haga maldades, entonces supongo que no habrá problema, ¿no?
-Bueno, es una opción, pero... ¿estás dispuesta a ciudarla tú también? Después de todo, Lirin no puede actuar en pleno instituto...
-Claro. Diré que somos gemelas y que ella estaba de intercambio con otra persona en otro país. No creo que nadie investigue más de lo necesario.
-Es una buena idea...- dijo Lirin, mientras adoptaba una postura pensativa.
-Bueno... Lirin, ¿podrás vigilarla junto con Jun?
-¡Por supuesto! ¡Déjelo en mis manos!
-Bien... entonces, ponle eso.
-¡Sí!- dijo mientras se acercaba hasta la jaula.
-¿Qué... qué vas a hacer?
Sin apenas darle tiempo a reaccionar, Lirin apuntó a su costado con su dedo índice de la mano derecha y un pequeño rayo de luz negra se avalanzó sobre esa parte de su cuerpo. Una vez hubo impactado contra su destino, un dolor agudo la hizo extremecerse y, seguidamente, todos pudieron ver que la misma marca que Jun había llevado durante años, ahora se encontraba de nuevo sobre aquella zona. Lo que esta vez, era sobre el cuerpo del muñeco.
-¿Pero qué...?
-Es la marca de mi maldición. Ahora la llevas tú, por lo que no podré despegarme de ti.
-Maldita sea...
-Sí, maldita seas tú, ja, ja, ja.
-Lirin.
-Sí, lo siento.
-Bueno. Por el momento, arreglaré los papeles para que puedas ir a la misma clase que Jun, pero para ello necesitas un nombre diferente... Bien, te llamarás Saya... Saya Fujineko.
-¿Y si me niego a actuar como una simple estudiante de bachillerato?
-Tendremos que encerrarte de por vida. Tú decides.
-Vale, vale, lo he captado.
-Bien...- dijo mientras se acercaba a la jaula y la abría lentamente.
-Bueno... ¿qué he de decir para que no sospechen de mí?
-Solo que has estado viviendo en el extrangero como alumna de intercambio y que has regresado recientemente. Eres la hermana gemela de Jun y no has hablado con tu familia desde hace un año más o menos. Si te preguntan algo como qué has hecho en el país o el país mismo, te lo inventas. Eso sí, intenta estar de acuerdo con Jun con respecto al país. No vayáis a decir uno diferente cada una.
-Vaaaale.
-Bueno, es hora de que regreséis. Mañana mismo irás al instituto. Se amable, ¿de acuerdo?
-Qué síiii- dijo, en modo pasivo.
Después de eso, Lirin creó un portal oscuro por el que las tres desaparecieron.
-Lirin, cuida de las dos- les dijo antes de que se fueran.
-Descuide, princesa. Déjemelo a mí.
Seguidamente, desaparecieron tras el portal.
Una vez hubieron llegado a la casa de Jun, ésta pudo ver que aún quedaban restos de sangre al pie de la escalera.
-Esto... voy a limpiarlo- se apresuró a decir.
-Vale...
Al cabo de un rato, ésta se acercó de nuevo y la limpió.
-¿Tanto te molesta que le haya herido?
-Pues sí, y mucho además- dijo mientras limpiaba.
-Pero si os lo ha hecho pasar mal...
-¿Esa es una razón para matarlo?
-Para mí, sí que lo es...
-Pero yo no soy tú, no puedes obligarme a hacer lo que tú harías.
-Eso de que no eres yo, no es del todo correcto... ¿He de recordarte que soy la afloración de tus sentimientos más terribles?
-Pero mi yo real no es así.
-Basta ya, chicas... Se supone que sois hermanas.
-Tú no te burles- le dijo Saya.
-No lo hago. Solo intento poner paz.
-Pues déjalo- le contestó.
-Bah, contigo no se puede razonar. Me voy yendo, os vigilo de cerca, eh.
-Adiós, Lirin.
-Sí, eso. Piérdete de una vez.
-Portaos bien- dijo a la par que se evaporaba.
-Bueno, ¿qué hacemos?
-¿Quieres... quieres que te enseñe el barrio?
-No, ya lo conozco. Te recuerdo que he estado dentro de ti mucho tiempo. He visto todo lo que tú has visto y vivido lo mismo.
-Ah, cierto...
El resto del día pasó sin más incidentes y pronto llegó el día siguiente.
Saya y Jun se vistieron tranquilamente y ambas salieron rumbo al instituto.
Una vez hubieron llegado, Ren se quedó bastante sorprendido, pues fue el primero en verlas aparecer.
-Vaya... creo que el desayuno me ha sentado mal. Estoy viendo doble...
-Tranquilo, Ren. Ella es Saya, Saya Fujineko. Mi hermana gemela- le explicó Jun.
-No sabía que tuvieses una hermana gemela...
-Es que estaba de intercambio, pero llegó ayer mismo.
-Ah... mucho gusto.
-Sí, claro. Igualmente- dijo mientras desviaba la mirada.
-¿Jun?- dijo una voz a su espalda.
-¡Michael!- dijo al ver de quien se trataba mientras corría hasta él y lo abrazaba.
-Pero... ¿quién...?
-Ella es mi hermana gemela Saya- dijo a la vez que le guiñaba un ojo.
-Ah, sí... cierto...
-Hola, Jun...- dijo Tom, desde detrás del chico.
-¿Estás mejor?
-Sí... gracias.
-Aaaaaaandaaaa, pero mira quién es, je, je, je- dijo Saya, desde donde estaba.
-Esa... esa mirada...- dijo al verla.
-Tranquilo, solo es mi hermana gemela Saya.
-Ah... sí, claro...- dijo, con aún temor en los ojos.
-¡Hey, chicos!- gritó John desde dentro del edificio.
-¡Ya vamos!- le respondió Ren.
Después de eso, todos se encaminaron hacia la entrada del centro.
¿Cómo reaccionarían todos los de la clase a aquella noticia?
¿Había sido una buena idea el haberla llevado al mundo real?
Fuese como fuese, pronto lo descubriría.
La princesa, al ver el cuerpo dormido de su hija, no pudo evitar sobresaltarse.
Por debajo de sus ojos se podían ver unas marcas negras que daban a entender que había sido dominada por una fuerza oscura y maligna. Cosa que no le agradaba nada.
-Quería pediros un muñeco vital. Así podríamos separar a la parte malvada de la real.
-Creo que tenía uno por aquí, aunque no sé dónde exactamente.
-Entonces lo buscaré, ¿se encargará usted de hacer el traspaso?
-Claro. Yo me ocuparé de ello, tranquila.
-De acuerdo.
Después de eso, Lirin sacó sus dos pequeñas alas negras y revoloteó por toda la estancia en busca del muñeco vital.
Mientras tanto, la princesa se acercó hasta el cuerpo de su hija y se agachó a su lado, poniéndole así su mano izquierda sobre su frente.
-Hija, ¿estás ahí?
-Sí, Madre... Lo siento, he sucumbido a la oscuridad de mi corazón...
-No te preocupes. Muchas veces, dicha oscuridad se hace más poderosa al estar encerrada durante tanto tiempo. Ahora solo debes preocuparte por regresar a tu cuerpo original.
-Sí, eso haré.
-¿Lo tienes ya, Lirin?- preguntó mientras se levantaba de nuevo.
-Sí, aquí está. Voy a bajarlo hasta ahí- dijo desde un armario en lo alto de la pared.
Seguidamente, la espectro cogió una especie de muñeco a tamaño real de dentro del armario y lo bajó hasta donde se encontraba la princesa junto al cuerpo de Jun.
-Bien, vamos a proceder a introducir la parte malvada dentro de este muñeco vital. Para ello, necesitaré que lo coloques sobre aquella camilla de allí- dijo mientras la señalaba-. Yo pondré el cuerpo de Jun sobre la que está justo al lado.
-De acuerdo, enseguida lo hago- dijo mientras volaba hasta donde le había dicho.
Una vez colocados el cuerpo y el muñeco vital, la princesa conectó unos cables a sus partes más vitales como lo son la cabeza, el corazón, las extremidades, el tórax, etc.
-Tienes que hacerte un poco para atrás, Lirin. No quiero que la magia empleada afecte a tus poderes internos.
-Sí, claro...- dijo mientras saltaba hacia atrás y se alejaba a una distancia considerable-. Pero... ¿y usted?
-No te preocupes por mí. Este tipo de magia no afecta negativamente a quien la realiza.
-Ah... está bien, entonces...
Acto seguido, la princesa realizó unos movimientos sobre la máquina de la cual procedían los cables empleados para conectar las partes del cuerpo de Jun.
Al cabo de unos segundos, ésta empezó a sonar extrañamente y unos colores empezaron a parpadear.
Poco a poco, los dos cuerpos empezaron a tomar un aura azul oscuro alrededor y siguieron así durante unos minutos.
De nuevo, la encargada de que aquello funcionase, hizo algunas pulsasiones sobre algunos botones de la máquina y el aura comenzó a desaparecer. A su vez, el muñeco vital había empezado a coger todas las características físicas de Jun y, una vez terminado el proceso y apagado el objeto, los dos cuerpos eran idénticos.
-Bueno... ya está.
-¿La parte malvada de Jun se encuentra ahora en el muñeco vital?
-Eso es. Ahora solo nos queda traer de vuelta a la verdadera Jun a su cuerpo original. Necesitaré tu ayuda para eso, Lirin.
-Claro- dijo mientras se acercaba a paso ligero.
Después de eso, ambas se pusieron a cada lado de la camilla y posaron sus manos, unidas, sobre la frente de la chica.
Rápidamente, ésta abrió los ojos.
-¿Qué?- dijo incorporándose rápidamente.
-Tranquila, ya estás en tu cuerpo.
-Ah... sí...- dijo mientras se palpaba su propio estómago y se miraba las manos, acto seguido.
-Bueno... ¿qué hacemos con esto?- dijo Lirin mientras señalaba al muñeco dormido.
-Como es su parte maligna, lo mejor será encerrarla por el momento. Como solo es un muñeco, cualquier cosa valdrá para la tarea, pues los poderes se han quedado en el cuerpo real.
-Bien... iré a traer una de esas jaulas que usábamos para encerrar a los prisioneros de guerra...- dijo mientras corría hasta un pasillo cercano.
Seguidamente, Jun intentó levantarse, pero un mareo se lo impidió.
-La magia aún está fluyendo por tu cuerpo. Será mejor que esperes a que los efectos se disipen.
-Ah... claro...
-No te preocupes, ya nada podrá volverte a dominar. Por lo menos, no nada parecido a esto.
-¿Qué harás con mi otra yo?
-Lo más seguro por el momento es mantenerla encerrada. Pero no sabemos cómo pueden girar las cosas. A lo mejor, hasta llega a sernos útil para derrotar a tu Padre.
-¿Tú crees que colaboraría en caso de ser así?
-Eso espero. Si no, tendríamos que arrebatarle su esencia mágica e implartártela a ti.
-¿Eso no sería peligroso?
-En absoluto si se hace bien. Confía en mí, lo lograrás.
-Si tú lo dices...
-Ya está- dijo Lirin mientras se acercaba, arrastrando a la vez la celda que había encontrado para la finalidad de encerrar a la parte oscura de Jun.
-Bien. Lirin, métela dentro. No sabemos cuándo podría despertarse.
-Sí, enseguida- dijo a la vez que se acercaba hasta la camilla donde el muñeco reposaba y lo cogía en brazos.
Acto seguido, la introdujo dentro de la celda portátil y la cerró con llave.
-Bueno... voy a alejarla un poco.
-De acuerdo, Lirin.
Al hacerlo, ésta se acercó de nuevo hasta donde Jun se encontraba.
-¿Estás bien? Eso debió de agotarte.
-Tranquila, estoy perfectamente. Ahora lo único que me preocupa es cómo puede estar Tom. Al parecer, le dejé bastante mal...
-Vamos... yo le di mis objetos curativos, estará perfectamente ya.
-¿Tú crees?
-Claro. Yo nunca llevo cosas que no funcionan, ¿o no?
-Sí... tienes razón. Perdona por dudar de ti, Lirin.
-No te preocupes, je, je, je.
-Bueno... sea como sea, debemos tener cuidado. No sabemos cómo puede reaccionar tu otra personalidad. No debemos dejar que escape bajo ningún concepto.
-Descuide, princesa, yo me encargaré de que no se salga con la suya.
-Bien... la dejo a tu cargo, Lirin.
-Pero qué...- se oyó una voz cercana.
Cuando pudieron darse cuenta, se fijaron en que el muñeco había abierto los ojos y ahora se encontraba de pie en el centro de la jaula.
-¡Eh! ¡Sacadme de aquí ahora mismo!- dijo mientras agarraba los barrotes e intentaba abrirlos por la fuerza.
-No podrás escapar de ahí. Ya no estás en el cuerpo de mi hija, por lo que no tienes ningún poder.
-¡¿Cómo?!
-Lo que oyes. Se acabó el hacer fechorías- le dijo Lirin a la vez que le sacaba la lengua, en plan burla.
-¡Ya verás cuando te coja, bicho con alas!
-Oh... ¿y qué vas a hacerme? Ya no tienes ningún poder y no puedes acceder de ninguna manera al cuerpo real de Jun. No tienes la fuerza necesaria como para derrotarme siquiera en una lucha de dedos. ¡Tooonta!- le dijo mientras le volvía a sacar la lengua.
-Basta de tonterías, Lirin. No le sigas la corriente. Así solo demuestras que tú eres más tonta que ella.
-¡Sí! Lo siento, princesa...
-En cuanto a ti, tendremos que ver qué hacemos contigo.
-¿Por qué no se viene al mundo real conmigo y aparenta ser mi gemela?
-¿Eh?
-Si Lirin la vigila para que no haga maldades, entonces supongo que no habrá problema, ¿no?
-Bueno, es una opción, pero... ¿estás dispuesta a ciudarla tú también? Después de todo, Lirin no puede actuar en pleno instituto...
-Claro. Diré que somos gemelas y que ella estaba de intercambio con otra persona en otro país. No creo que nadie investigue más de lo necesario.
-Es una buena idea...- dijo Lirin, mientras adoptaba una postura pensativa.
-Bueno... Lirin, ¿podrás vigilarla junto con Jun?
-¡Por supuesto! ¡Déjelo en mis manos!
-Bien... entonces, ponle eso.
-¡Sí!- dijo mientras se acercaba hasta la jaula.
-¿Qué... qué vas a hacer?
Sin apenas darle tiempo a reaccionar, Lirin apuntó a su costado con su dedo índice de la mano derecha y un pequeño rayo de luz negra se avalanzó sobre esa parte de su cuerpo. Una vez hubo impactado contra su destino, un dolor agudo la hizo extremecerse y, seguidamente, todos pudieron ver que la misma marca que Jun había llevado durante años, ahora se encontraba de nuevo sobre aquella zona. Lo que esta vez, era sobre el cuerpo del muñeco.
-¿Pero qué...?
-Es la marca de mi maldición. Ahora la llevas tú, por lo que no podré despegarme de ti.
-Maldita sea...
-Sí, maldita seas tú, ja, ja, ja.
-Lirin.
-Sí, lo siento.
-Bueno. Por el momento, arreglaré los papeles para que puedas ir a la misma clase que Jun, pero para ello necesitas un nombre diferente... Bien, te llamarás Saya... Saya Fujineko.
-¿Y si me niego a actuar como una simple estudiante de bachillerato?
-Tendremos que encerrarte de por vida. Tú decides.
-Vale, vale, lo he captado.
-Bien...- dijo mientras se acercaba a la jaula y la abría lentamente.
-Bueno... ¿qué he de decir para que no sospechen de mí?
-Solo que has estado viviendo en el extrangero como alumna de intercambio y que has regresado recientemente. Eres la hermana gemela de Jun y no has hablado con tu familia desde hace un año más o menos. Si te preguntan algo como qué has hecho en el país o el país mismo, te lo inventas. Eso sí, intenta estar de acuerdo con Jun con respecto al país. No vayáis a decir uno diferente cada una.
-Vaaaale.
-Bueno, es hora de que regreséis. Mañana mismo irás al instituto. Se amable, ¿de acuerdo?
-Qué síiii- dijo, en modo pasivo.
Después de eso, Lirin creó un portal oscuro por el que las tres desaparecieron.
-Lirin, cuida de las dos- les dijo antes de que se fueran.
-Descuide, princesa. Déjemelo a mí.
Seguidamente, desaparecieron tras el portal.
Una vez hubieron llegado a la casa de Jun, ésta pudo ver que aún quedaban restos de sangre al pie de la escalera.
-Esto... voy a limpiarlo- se apresuró a decir.
-Vale...
Al cabo de un rato, ésta se acercó de nuevo y la limpió.
-¿Tanto te molesta que le haya herido?
-Pues sí, y mucho además- dijo mientras limpiaba.
-Pero si os lo ha hecho pasar mal...
-¿Esa es una razón para matarlo?
-Para mí, sí que lo es...
-Pero yo no soy tú, no puedes obligarme a hacer lo que tú harías.
-Eso de que no eres yo, no es del todo correcto... ¿He de recordarte que soy la afloración de tus sentimientos más terribles?
-Pero mi yo real no es así.
-Basta ya, chicas... Se supone que sois hermanas.
-Tú no te burles- le dijo Saya.
-No lo hago. Solo intento poner paz.
-Pues déjalo- le contestó.
-Bah, contigo no se puede razonar. Me voy yendo, os vigilo de cerca, eh.
-Adiós, Lirin.
-Sí, eso. Piérdete de una vez.
-Portaos bien- dijo a la par que se evaporaba.
-Bueno, ¿qué hacemos?
-¿Quieres... quieres que te enseñe el barrio?
-No, ya lo conozco. Te recuerdo que he estado dentro de ti mucho tiempo. He visto todo lo que tú has visto y vivido lo mismo.
-Ah, cierto...
El resto del día pasó sin más incidentes y pronto llegó el día siguiente.
Saya y Jun se vistieron tranquilamente y ambas salieron rumbo al instituto.
Una vez hubieron llegado, Ren se quedó bastante sorprendido, pues fue el primero en verlas aparecer.
-Vaya... creo que el desayuno me ha sentado mal. Estoy viendo doble...
-Tranquilo, Ren. Ella es Saya, Saya Fujineko. Mi hermana gemela- le explicó Jun.
-No sabía que tuvieses una hermana gemela...
-Es que estaba de intercambio, pero llegó ayer mismo.
-Ah... mucho gusto.
-Sí, claro. Igualmente- dijo mientras desviaba la mirada.
-¿Jun?- dijo una voz a su espalda.
-¡Michael!- dijo al ver de quien se trataba mientras corría hasta él y lo abrazaba.
-Pero... ¿quién...?
-Ella es mi hermana gemela Saya- dijo a la vez que le guiñaba un ojo.
-Ah, sí... cierto...
-Hola, Jun...- dijo Tom, desde detrás del chico.
-¿Estás mejor?
-Sí... gracias.
-Aaaaaaandaaaa, pero mira quién es, je, je, je- dijo Saya, desde donde estaba.
-Esa... esa mirada...- dijo al verla.
-Tranquilo, solo es mi hermana gemela Saya.
-Ah... sí, claro...- dijo, con aún temor en los ojos.
-¡Hey, chicos!- gritó John desde dentro del edificio.
-¡Ya vamos!- le respondió Ren.
Después de eso, todos se encaminaron hacia la entrada del centro.
¿Cómo reaccionarían todos los de la clase a aquella noticia?
¿Había sido una buena idea el haberla llevado al mundo real?
Fuese como fuese, pronto lo descubriría.
sábado, 17 de julio de 2010
Corazón oscuro 36
Episodio 36º
La dulce brisa que corría por la calle hizo que el pelo se les meciece a ambos.
La verdad es que a Tom, al oir aquella voz prácticamente desconocida, le habían entrado unos grandes escalofríos por la espalda. Pero se supuso que no sería nada grave y continuó hablando, haciéndole así caso omiso al aspecto de Jun.
-Verás, Jun... yo quería disculparme...
-¡Pero no te quedes ahí, hombre! Pasa, pasa- le dijo mientras le agarraba del brazo y lo hacía introducirse por la puerta principal.
Una vez hubo estado dentro, la chica cerró la puerta dando un gran golpe y luego echó la llave.
-Esto, Jun... ¿qué... qué haces?
-¿Yo? Nada... je, je, je...
-Pero... ¿por qué... por qué cierras con llave?
-Es para que no me molesten mientras te descuartizo vivo, je, je, je... ¿Qué prefieres? ¿Que sea lento o que, por el contrario, rápido? Tengo tooodo el día para hacerlo, así que piénsalo lo que quieras.
-¿De... de qué estás hablando? No tiene gracia, Jun...
-Pues para mí tiene muuucha gracia, ja, ja, ja... Vas a lamentar todo lo que has hecho...
Después de eso, de la espalda de Jun comenzaron a salir sus raíces negras.
Tom, algo asustado, se hizo para atrás para así intentar esquivar las que le fuesen llegando para atacarlo.
Lamentablemente, su número ya había sobrepasado las veinte y su largo era extremadamente grande. No había manera de esquivar eso, y él lo sabía bien.
-¿Ya te has decidido? No me gusta que me hagan esperar demasiado, je, je, je...
-Jun, por favor...
-Yo ya no soy la Jun que tú conocías. Yo soy su lado malvado, en definitiva, la parte de ella que en verdad vale la pena.
-Pero... ¿qué has hecho con la real?
-Nada de nada. Se está tomando un ligero tiempo de descanso en mi interior.
-Por favor... yo venía a disculparme adecuadamente, nada más...
-Lo siento, pero el yo que soy ahora no acepta disculpas orales. ¡Solo disculpas de sangre!- dijo a la vez que hacía que una de sus raíces se avalanzase sobre él, dándole así en el tobillo izquierdo y haciendo que cayese al suelo, dolorido.
-Agh...
-Es una pena que no lo hayas podido esquivar, ahora eres mucho más vulnerable- dijo a la vez que hacía que dicha raíz saliese de donde estaba clavada y regresase a su anterior posición.
Justo antes de que volviese a elevarse sobre la cabeza de la chica, ésta la hizo pasar por su boca y saboreó así la sangre que de ella goteaba.
-Sabes bastante bien. Creo que con una cantidad más grande, podré empezarme a plantear esas disculpas... je, je, je...
-Por favor, no lo hagas...- dijo mientras se arrastraba para alejarse de ella.
-No puedes hacer gran cosa con esa herida en el pie. Estás acabado, no tienes a dónde huir.
-Tú no eres así, Jun. Por favor, regresa...- dijo sin cesar su lento avance.
-Ya te lo dije, yo ya no soy la Jun que tú conocías. ¡Odio que no me escuchen cuando hablo!- dijo a la vez que aparecía justo en frente del chico y le pisaba una de sus manos con su pie izquierdo.
-¡Ahhh!- gritó al sentir el dolor sobre sus dedos y nudillos, que parecieron romperse del golpe.
-Vaya... está resultando demasiado sencillo... ¡Ah, ya sé lo que haremos!- dijo, aparentemente algo contenta-. Jugaremos al gato y al ratón. Claro está que yo seré el gato, je, je, je... Venga, te doy diez minutos para que te escondas. Yo me quedaré aquí. Si pasa una hora y no te encuentro, habrás ganado y te dejaré ir. Pero si por el contrario te encuentro en ese margen de tiempo, me cobraré tu vida. ¿Te parece?
-¿Qué pasa si digo que no acepto las condiciones...?
-Pues que te mataré sin dudarlo. Encima de que te doy la oportunidad de salvarte, ¡qué desagradecido! ¡Venga, empieza a esconderte!- dijo mientras lo pasaba de largo y se sentaba sobre el sofá.
-Ugh...- dijo mientras retomaba su camino.
No sabía dónde podía esconderse.
Allí todo era extremandamente frágil como para que ella no pudiese encontrarlo. Con un solo movimiento de sus raíces, sería capaz de derrumbar las paredes más gruesas que componían la estructura de la casa, así que las esperanzas que tenía eran mínimas.
Al cabo de un rato, decidió esconderse en el baño, pues parecía mucho más cercano a donde ella estaba y, como le habían dicho siempre: lo obvio es lo último que se mira.
Una vez hubo entrado, dejó la puerta abierta para que pareciese menos sospechoso y se introdujo debajo del lavamanos, poniendo su base entre la puerta y él para que no fuese fácil el verle.
-Maldita sea...- dijo casi en un susurro.
-Tom... ¿eres tú?- dijo una voz lejana pero conocida.
-¿Jun?
-Sí... soy yo... la verdadera Jun... ¿Estás bien? Dime que no te ha hecho nada, por favor.
-He estado mejor...
-Pero... ¿qué haces aquí?
-Vine a disculparme por lo de hoy...
-¿Eres tonto? Ya te habías disculpado en la playa. Y ya te dejamos clara nuestra postura, no sé qué has venido a hacer entonces.
-Yo... quería disculparme adecuadamente. Siento como si aquello no hubiese sido suficiente...
-Bueno, de todas formas no es momento para discutir. Tenemos que encontrar la forma de que salgas de aquí sin que te vea...
-¿Tú no puedes hacer nada contra ella?
-Yo te estoy hablando desde el otro lado del espejo, que es la conexión entre mi interior y el mundo de fuera. No tengo manera de salir de aquí a no ser que la derrote en una lucha interior. Pero lo veo complicado, pues ni siquiera puedo acceder a mi consciencia más externa...
-No sé si te entiendo, pero... ¿puedo hacer algo?
-Me temo que no. Intentaré decirte dónde está en cada momento, pero no te aseguro el acierto.
-Gracias, pero parece que este es mi fin... Antes de morir, quiero decirte que lo siento mucho y que espero que algún día me perdones.
-¡Tú no vas a morir, ¿está claro?! ¡No permitiré que ninguno de mis conocidos muera por mi culpa! ¡Ya no! He sufrido lo suficiente como para que me vuelva a ocurrir de nuevo. Haré lo posible por ayudarte, aún estando aquí, ¿vale?
-Lo veo imposible... ella puede usar tus poderes, lo que significa que es invencible para mí...
-No deberías rendirte tan fácilmente.
-Entonces dime qué tipo de resistencia puedo poner contra ella, porque yo no veo ninguna.
-Ya se me ocurrirá algo...
-Allí vooooy- se oyó la voz desde el salón.
-Mierda, aquí viene...
-Tranquilo, manten la calma. Procura no respirar muy alto, podría oirte. Sus sentidos se han agudizado... puedo sentirlo.
-De acuerdo.
-¿Dóooonde te escoooondes, ratiiiita?- dijo, bromeando.
Los pasos se hacían cada vez más sonoros hasta que se detuvieron por completo.
Al notar esto, Tom se asustó un poco. ¿Y si lo había encontrado? No se atrevía a virarse para averiguarlo.
-Tranquilo, está en la cocina. Debe de haber notado que no había comido gran cosa, a pesar de todo lo que preparé para el almuerzo...
-Nos ha salvado por un momento el gran apetito de Ren, ¿eh?
-Sí, por lo que veo... Oh, cuidado, ha emprendido la marcha.
Efectivamente, los pasos de la chica se hicieron cada vez más obvios.
Después de unos segundos, ésta se paró de nuevo, pero seguidamente continuó su recorrido por la planta baja.
-¿Sabes? No creo que hayas sido capaz de subir las escaleras en tu estado, y es por eso que solo estoy inspeccionando la parte de abajo. He de decirte que ya solo me quedan el baño y la sala de la lavadora... Ah, y creo que también te interesará saber que te quedan cincuenta y cinco minutos para que acabe el juego, ja, ja, ja.
-Estoy acabado, Jun...- dijo, en un susurro.
-No te des por vencido. ¿No hay ninguna ventana abierta que puedas usar como vía de escape?
-Estoy herido en un tobillo y no puedo mover una mano, ¿cómo quieres que me suba a ella para poder salir?
-Lo siento... todo esto es culpa mía de nuevo.
-¿Qué dices? Nada de esto es culpa tuya.
-Sí que lo es. Para empezar, esa que te persigue es la afloración de mis sentimientos negativos.
-Tranquila, nadie te culpa.
-Pero yo sí lo hago. No quiero causar más estragos...
-No te preocupes... yo no te guardo rencor por esto. Es más, creo que me lo merezco.
-No digas tonterías... Un error lo comete cualquiera...
-Jun... si no salgo de esta, quiero que sepas que lo siento, y que espero que todo se arregle.
-Todo saldrá bien...
-¡Te encooontréeee, ji, ji, ji!- dijo la voz a su espalda.
Cuando este se viró, sobresaltado, pudo ver la cara endemoniada de la nueva Jun.
Ésta lo miraba con una gran sonrisa malvada en su rostro y éste ya se estaba imaginando cómo sería su muerte.
-Vaya... parece que tenía razón en lo de que no podrías subir las escaleras. Si lo hubieses intentado, al menos habrías tenido más tiempo de vida. Pero bueno, ¿qué se le va a hacer? ¡Hasta nunca, Tom... je, je, je!
-¡Noooooooooooooooooooo, para, por favor!- gritó la voz desde dentro del espejo mientras éste era aporreado desde su interior.
Pero justo antes de que las raíces tocasen a su objetivo, la chica recibió un fuerte golpe en la cabeza que hizo que se cayese al suelo, perdiendo así el conocimiento.
-Vaya, menos mal que me pasaba por aquí, que si no...- dijo una voz conocida para Jun.
-¡Lirin!
-Jun... ¿dónde...?
-¡En el espejo!
-Anda, ¿qué haces ahí?
-Pues...
-¡Pero espera! Si tú estás ahí... entonces, ¿quién es...?- dijo mientras miraba a quien le había dado el golpe.
-Es mi otro yo del que te hablaba...
-Así que era verdad...
-Sí...
-Chico... ¿estás bien?- le preguntó mientras se acercaba hasta él.
-Sí... pero aún me duelen el tobillo y la mano...
-Tranquilo, tengo aquí una cosa que te ayudará con eso...- dijo mientras sacaba una especie de hoja verde de árbol y se la tendía-. Póntela sobre las heridas de las que ha salido sangre y se curarán. Con respecto a la mano... échate esta pomada- le dijo mientras se la daba también.
-Gracias...
-Hay que estar perparado, je, je, je...
-Lirin... ¿tienes idea de qué podemos hacer con este problema?
-Pues... lo mejor será sacarla de dentro de ti para que no se pueda apoderar más de tu cuerpo.
-¿Pero cómo lo haremos? No podemos crear un cuerpo de la nada, después de todo, ella solo es parte de mi alma.
- Siempre podemos usar un muñeco vital.
-¿Un... muñeco vital?
-Sí, es como un muñeco a tamaño real. No tiene ni rostro ni ningún rasgo físico; así, cuando el alma se introduce en él, le da sus propias características.
- ¿Dispones de medios para hacer el traspaso?
-Aquí no... pero seguro que tu Madre tiene algo que nos ayude con ello.
- Tú dirás lo que hay que hacer...
-Sí... Pero me preocupa el chico... ¿estás mejor?
-Sí, pero creo que necesitaré un poco más de reposo.
-Tom, ¿puedes hacerme un favor?
-Dime, Jun...
-¿Puedes ir a ver a Michael y decirle lo que ha ocurrido?
-No me escuchará...
-Puedes llevarle una prueba si la necesitas. Toma, ten esa toalla de ahí. Lleva mis iniciales, por lo que sabrá que es mía. Eso corroborará tu historia.
-De acuerdo, iré enseguida.
-Dile también que volveré cuando pueda. En cuanto haga que esta parte de mí desaparezca por completo.
-Vale, dalo por hecho.
-Gracias, Tom...
-¿Qué menos puedo hacer que ayudarte con esto? si así enmendo algo mis errores, pues haré lo que haga falta.
-Bien... lo tendré en cuenta...
-¡Bueno! ¡Vámonos!- dijo Lirin mientras cogía el cuerpo de Jun y se lo cargaba al hombro.
Acto seguido, la espectro creó un portal negro y se introdujo por él, junto con el cuerpo de su amiga.
Seguidamente, Tom salió casi cojeando hasta el salón, abrió la puerta de la calle con la llave que allí estaba y salió en dirección a la casa de su Capitán.
Avanzó lentamente hasta que llegó a su destino y, una vez se hubo hallado a la altura de la entrada de la vivienda, tocó al timbre, temeroso por que apareciese a su encuentro alguien peor que el mismísimo Michael: su Madre.
-¿Quién es?- preguntó una voz de hombre.
-Diculpe... ¿está Michael?- preguntó, algo aliviado.
-Sí, un segundo.
-Gracias.
Al cabo de unos minutos, la puerta se abrió y por ella salió Michael, que se quedó bastante sorprendido al verlo allí de pie.
-Ah, eres tú... ¿qué quieres ahora?
-Michael, es por Jun...
-¿Qué le has hecho ahora?- pregunto, medio poniéndose furioso.
-Yo nada. Es que antes fui a su casa a disculparme mejor y... su lado malvado la había dominado...- dijo, sin acabar de creérselo él aún.
-¿Cómo quieres que te crea?
-Toma, es su toalla. Ella me dijo que corroboraría lo que te estoy contando- dijo mientras se la tendía.
-Entonces... es cierto...
-Sí...
-¿Y cómo es que estás aquí? ¿Te dejó escapar?
-Me salvó una chica un tanto extraña...
-Ah, debió de ser Lirin. ¿Dónde están ahora? ¿en la casa de Jun?
-No... esa chica se llevó el cuerpo de Jun alegando que separarían a su parte malvada de ella.
-Entiendo... ellas siempre queriendo hacer las cosas por sí solas... Nunca aprenderán a confiar en los demás...
-Bueno... con que esto se solucione...
-Ya...
Mientras tanto, en el mundo al que Lirin había acudido, dentro de una gran torre, se encontraban las dos.
-Bueno... ¿y ahora qué?- preguntó la voz de Jun desde las lejanías del aire.
-A esperar se ha dicho- respondió Lirin mientras recostaba el cuerpo de la chica sobre el suelo.
-¿A qué?
-A tu Madre. Tiene cosas que hacer, ¿sabes? Pero en cuanto note que estamos aquí, vendrá enseguida.
-Eso espero... hace unos días que no la veo.
-Está ocupada junto con Greck haciendo unas investigaciones sobre el paradero de tu Padre.
-Entiendo... espero que todo se solucione pronto...
-Todos lo esperamos. Pero para que eso se cumpla, estás tú. Sin ti... todos habríamos muerto hace tiempo ya...
-Ponéis demasiadas esperanzas en mí y yo no sé si seré capaz de lograr derrotarlo...
-Lo harás. Por tu bien y por el de Michael. ¿No decías que harías lo posible por volver junto a él?
-Sí, pero...
-Pero nada, tú lo harás y yo te ayudaré a lograrlo. Para eso estamos las amigas, ¿no?
-Sí... Y pensar que en un principio te odiaba a muerte...
-Las cosas cambian. Hoy por mí, mañana por ti... ya sabes.
-Ya, ya...
Después de eso, un aire extraño inundó la sala.
-Ya está aquí- dijo Lirin.
Justo en ese momento, la silueta de la Madre de Jun apareció justo en frente de la espectro, la cual se arrodilló acto seguido.
-Oh, princesa, he de pediros un favor.
-Por favor, no me trates de esa manera, joven Lirin. ¿Qué traes ahí?
-Es el cuerpo de su hija Jun, necesito que me prestéis una cosa...
-Tú dirás...
¿Cómo reaccionaría su Madre al enterarse de lo de su otra personalidad?
¿Les prestaría lo que necesitaban?
Fuese como fuese, ya iba siendo hora de averiguarlo.
Pero... por su bien y por el de todos, aquello debía ser... así.
La dulce brisa que corría por la calle hizo que el pelo se les meciece a ambos.
La verdad es que a Tom, al oir aquella voz prácticamente desconocida, le habían entrado unos grandes escalofríos por la espalda. Pero se supuso que no sería nada grave y continuó hablando, haciéndole así caso omiso al aspecto de Jun.
-Verás, Jun... yo quería disculparme...
-¡Pero no te quedes ahí, hombre! Pasa, pasa- le dijo mientras le agarraba del brazo y lo hacía introducirse por la puerta principal.
Una vez hubo estado dentro, la chica cerró la puerta dando un gran golpe y luego echó la llave.
-Esto, Jun... ¿qué... qué haces?
-¿Yo? Nada... je, je, je...
-Pero... ¿por qué... por qué cierras con llave?
-Es para que no me molesten mientras te descuartizo vivo, je, je, je... ¿Qué prefieres? ¿Que sea lento o que, por el contrario, rápido? Tengo tooodo el día para hacerlo, así que piénsalo lo que quieras.
-¿De... de qué estás hablando? No tiene gracia, Jun...
-Pues para mí tiene muuucha gracia, ja, ja, ja... Vas a lamentar todo lo que has hecho...
Después de eso, de la espalda de Jun comenzaron a salir sus raíces negras.
Tom, algo asustado, se hizo para atrás para así intentar esquivar las que le fuesen llegando para atacarlo.
Lamentablemente, su número ya había sobrepasado las veinte y su largo era extremadamente grande. No había manera de esquivar eso, y él lo sabía bien.
-¿Ya te has decidido? No me gusta que me hagan esperar demasiado, je, je, je...
-Jun, por favor...
-Yo ya no soy la Jun que tú conocías. Yo soy su lado malvado, en definitiva, la parte de ella que en verdad vale la pena.
-Pero... ¿qué has hecho con la real?
-Nada de nada. Se está tomando un ligero tiempo de descanso en mi interior.
-Por favor... yo venía a disculparme adecuadamente, nada más...
-Lo siento, pero el yo que soy ahora no acepta disculpas orales. ¡Solo disculpas de sangre!- dijo a la vez que hacía que una de sus raíces se avalanzase sobre él, dándole así en el tobillo izquierdo y haciendo que cayese al suelo, dolorido.
-Agh...
-Es una pena que no lo hayas podido esquivar, ahora eres mucho más vulnerable- dijo a la vez que hacía que dicha raíz saliese de donde estaba clavada y regresase a su anterior posición.
Justo antes de que volviese a elevarse sobre la cabeza de la chica, ésta la hizo pasar por su boca y saboreó así la sangre que de ella goteaba.
-Sabes bastante bien. Creo que con una cantidad más grande, podré empezarme a plantear esas disculpas... je, je, je...
-Por favor, no lo hagas...- dijo mientras se arrastraba para alejarse de ella.
-No puedes hacer gran cosa con esa herida en el pie. Estás acabado, no tienes a dónde huir.
-Tú no eres así, Jun. Por favor, regresa...- dijo sin cesar su lento avance.
-Ya te lo dije, yo ya no soy la Jun que tú conocías. ¡Odio que no me escuchen cuando hablo!- dijo a la vez que aparecía justo en frente del chico y le pisaba una de sus manos con su pie izquierdo.
-¡Ahhh!- gritó al sentir el dolor sobre sus dedos y nudillos, que parecieron romperse del golpe.
-Vaya... está resultando demasiado sencillo... ¡Ah, ya sé lo que haremos!- dijo, aparentemente algo contenta-. Jugaremos al gato y al ratón. Claro está que yo seré el gato, je, je, je... Venga, te doy diez minutos para que te escondas. Yo me quedaré aquí. Si pasa una hora y no te encuentro, habrás ganado y te dejaré ir. Pero si por el contrario te encuentro en ese margen de tiempo, me cobraré tu vida. ¿Te parece?
-¿Qué pasa si digo que no acepto las condiciones...?
-Pues que te mataré sin dudarlo. Encima de que te doy la oportunidad de salvarte, ¡qué desagradecido! ¡Venga, empieza a esconderte!- dijo mientras lo pasaba de largo y se sentaba sobre el sofá.
-Ugh...- dijo mientras retomaba su camino.
No sabía dónde podía esconderse.
Allí todo era extremandamente frágil como para que ella no pudiese encontrarlo. Con un solo movimiento de sus raíces, sería capaz de derrumbar las paredes más gruesas que componían la estructura de la casa, así que las esperanzas que tenía eran mínimas.
Al cabo de un rato, decidió esconderse en el baño, pues parecía mucho más cercano a donde ella estaba y, como le habían dicho siempre: lo obvio es lo último que se mira.
Una vez hubo entrado, dejó la puerta abierta para que pareciese menos sospechoso y se introdujo debajo del lavamanos, poniendo su base entre la puerta y él para que no fuese fácil el verle.
-Maldita sea...- dijo casi en un susurro.
-Tom... ¿eres tú?- dijo una voz lejana pero conocida.
-¿Jun?
-Sí... soy yo... la verdadera Jun... ¿Estás bien? Dime que no te ha hecho nada, por favor.
-He estado mejor...
-Pero... ¿qué haces aquí?
-Vine a disculparme por lo de hoy...
-¿Eres tonto? Ya te habías disculpado en la playa. Y ya te dejamos clara nuestra postura, no sé qué has venido a hacer entonces.
-Yo... quería disculparme adecuadamente. Siento como si aquello no hubiese sido suficiente...
-Bueno, de todas formas no es momento para discutir. Tenemos que encontrar la forma de que salgas de aquí sin que te vea...
-¿Tú no puedes hacer nada contra ella?
-Yo te estoy hablando desde el otro lado del espejo, que es la conexión entre mi interior y el mundo de fuera. No tengo manera de salir de aquí a no ser que la derrote en una lucha interior. Pero lo veo complicado, pues ni siquiera puedo acceder a mi consciencia más externa...
-No sé si te entiendo, pero... ¿puedo hacer algo?
-Me temo que no. Intentaré decirte dónde está en cada momento, pero no te aseguro el acierto.
-Gracias, pero parece que este es mi fin... Antes de morir, quiero decirte que lo siento mucho y que espero que algún día me perdones.
-¡Tú no vas a morir, ¿está claro?! ¡No permitiré que ninguno de mis conocidos muera por mi culpa! ¡Ya no! He sufrido lo suficiente como para que me vuelva a ocurrir de nuevo. Haré lo posible por ayudarte, aún estando aquí, ¿vale?
-Lo veo imposible... ella puede usar tus poderes, lo que significa que es invencible para mí...
-No deberías rendirte tan fácilmente.
-Entonces dime qué tipo de resistencia puedo poner contra ella, porque yo no veo ninguna.
-Ya se me ocurrirá algo...
-Allí vooooy- se oyó la voz desde el salón.
-Mierda, aquí viene...
-Tranquilo, manten la calma. Procura no respirar muy alto, podría oirte. Sus sentidos se han agudizado... puedo sentirlo.
-De acuerdo.
-¿Dóooonde te escoooondes, ratiiiita?- dijo, bromeando.
Los pasos se hacían cada vez más sonoros hasta que se detuvieron por completo.
Al notar esto, Tom se asustó un poco. ¿Y si lo había encontrado? No se atrevía a virarse para averiguarlo.
-Tranquilo, está en la cocina. Debe de haber notado que no había comido gran cosa, a pesar de todo lo que preparé para el almuerzo...
-Nos ha salvado por un momento el gran apetito de Ren, ¿eh?
-Sí, por lo que veo... Oh, cuidado, ha emprendido la marcha.
Efectivamente, los pasos de la chica se hicieron cada vez más obvios.
Después de unos segundos, ésta se paró de nuevo, pero seguidamente continuó su recorrido por la planta baja.
-¿Sabes? No creo que hayas sido capaz de subir las escaleras en tu estado, y es por eso que solo estoy inspeccionando la parte de abajo. He de decirte que ya solo me quedan el baño y la sala de la lavadora... Ah, y creo que también te interesará saber que te quedan cincuenta y cinco minutos para que acabe el juego, ja, ja, ja.
-Estoy acabado, Jun...- dijo, en un susurro.
-No te des por vencido. ¿No hay ninguna ventana abierta que puedas usar como vía de escape?
-Estoy herido en un tobillo y no puedo mover una mano, ¿cómo quieres que me suba a ella para poder salir?
-Lo siento... todo esto es culpa mía de nuevo.
-¿Qué dices? Nada de esto es culpa tuya.
-Sí que lo es. Para empezar, esa que te persigue es la afloración de mis sentimientos negativos.
-Tranquila, nadie te culpa.
-Pero yo sí lo hago. No quiero causar más estragos...
-No te preocupes... yo no te guardo rencor por esto. Es más, creo que me lo merezco.
-No digas tonterías... Un error lo comete cualquiera...
-Jun... si no salgo de esta, quiero que sepas que lo siento, y que espero que todo se arregle.
-Todo saldrá bien...
-¡Te encooontréeee, ji, ji, ji!- dijo la voz a su espalda.
Cuando este se viró, sobresaltado, pudo ver la cara endemoniada de la nueva Jun.
Ésta lo miraba con una gran sonrisa malvada en su rostro y éste ya se estaba imaginando cómo sería su muerte.
-Vaya... parece que tenía razón en lo de que no podrías subir las escaleras. Si lo hubieses intentado, al menos habrías tenido más tiempo de vida. Pero bueno, ¿qué se le va a hacer? ¡Hasta nunca, Tom... je, je, je!
-¡Noooooooooooooooooooo, para, por favor!- gritó la voz desde dentro del espejo mientras éste era aporreado desde su interior.
Pero justo antes de que las raíces tocasen a su objetivo, la chica recibió un fuerte golpe en la cabeza que hizo que se cayese al suelo, perdiendo así el conocimiento.
-Vaya, menos mal que me pasaba por aquí, que si no...- dijo una voz conocida para Jun.
-¡Lirin!
-Jun... ¿dónde...?
-¡En el espejo!
-Anda, ¿qué haces ahí?
-Pues...
-¡Pero espera! Si tú estás ahí... entonces, ¿quién es...?- dijo mientras miraba a quien le había dado el golpe.
-Es mi otro yo del que te hablaba...
-Así que era verdad...
-Sí...
-Chico... ¿estás bien?- le preguntó mientras se acercaba hasta él.
-Sí... pero aún me duelen el tobillo y la mano...
-Tranquilo, tengo aquí una cosa que te ayudará con eso...- dijo mientras sacaba una especie de hoja verde de árbol y se la tendía-. Póntela sobre las heridas de las que ha salido sangre y se curarán. Con respecto a la mano... échate esta pomada- le dijo mientras se la daba también.
-Gracias...
-Hay que estar perparado, je, je, je...
-Lirin... ¿tienes idea de qué podemos hacer con este problema?
-Pues... lo mejor será sacarla de dentro de ti para que no se pueda apoderar más de tu cuerpo.
-¿Pero cómo lo haremos? No podemos crear un cuerpo de la nada, después de todo, ella solo es parte de mi alma.
- Siempre podemos usar un muñeco vital.
-¿Un... muñeco vital?
-Sí, es como un muñeco a tamaño real. No tiene ni rostro ni ningún rasgo físico; así, cuando el alma se introduce en él, le da sus propias características.
- ¿Dispones de medios para hacer el traspaso?
-Aquí no... pero seguro que tu Madre tiene algo que nos ayude con ello.
- Tú dirás lo que hay que hacer...
-Sí... Pero me preocupa el chico... ¿estás mejor?
-Sí, pero creo que necesitaré un poco más de reposo.
-Tom, ¿puedes hacerme un favor?
-Dime, Jun...
-¿Puedes ir a ver a Michael y decirle lo que ha ocurrido?
-No me escuchará...
-Puedes llevarle una prueba si la necesitas. Toma, ten esa toalla de ahí. Lleva mis iniciales, por lo que sabrá que es mía. Eso corroborará tu historia.
-De acuerdo, iré enseguida.
-Dile también que volveré cuando pueda. En cuanto haga que esta parte de mí desaparezca por completo.
-Vale, dalo por hecho.
-Gracias, Tom...
-¿Qué menos puedo hacer que ayudarte con esto? si así enmendo algo mis errores, pues haré lo que haga falta.
-Bien... lo tendré en cuenta...
-¡Bueno! ¡Vámonos!- dijo Lirin mientras cogía el cuerpo de Jun y se lo cargaba al hombro.
Acto seguido, la espectro creó un portal negro y se introdujo por él, junto con el cuerpo de su amiga.
Seguidamente, Tom salió casi cojeando hasta el salón, abrió la puerta de la calle con la llave que allí estaba y salió en dirección a la casa de su Capitán.
Avanzó lentamente hasta que llegó a su destino y, una vez se hubo hallado a la altura de la entrada de la vivienda, tocó al timbre, temeroso por que apareciese a su encuentro alguien peor que el mismísimo Michael: su Madre.
-¿Quién es?- preguntó una voz de hombre.
-Diculpe... ¿está Michael?- preguntó, algo aliviado.
-Sí, un segundo.
-Gracias.
Al cabo de unos minutos, la puerta se abrió y por ella salió Michael, que se quedó bastante sorprendido al verlo allí de pie.
-Ah, eres tú... ¿qué quieres ahora?
-Michael, es por Jun...
-¿Qué le has hecho ahora?- pregunto, medio poniéndose furioso.
-Yo nada. Es que antes fui a su casa a disculparme mejor y... su lado malvado la había dominado...- dijo, sin acabar de creérselo él aún.
-¿Cómo quieres que te crea?
-Toma, es su toalla. Ella me dijo que corroboraría lo que te estoy contando- dijo mientras se la tendía.
-Entonces... es cierto...
-Sí...
-¿Y cómo es que estás aquí? ¿Te dejó escapar?
-Me salvó una chica un tanto extraña...
-Ah, debió de ser Lirin. ¿Dónde están ahora? ¿en la casa de Jun?
-No... esa chica se llevó el cuerpo de Jun alegando que separarían a su parte malvada de ella.
-Entiendo... ellas siempre queriendo hacer las cosas por sí solas... Nunca aprenderán a confiar en los demás...
-Bueno... con que esto se solucione...
-Ya...
Mientras tanto, en el mundo al que Lirin había acudido, dentro de una gran torre, se encontraban las dos.
-Bueno... ¿y ahora qué?- preguntó la voz de Jun desde las lejanías del aire.
-A esperar se ha dicho- respondió Lirin mientras recostaba el cuerpo de la chica sobre el suelo.
-¿A qué?
-A tu Madre. Tiene cosas que hacer, ¿sabes? Pero en cuanto note que estamos aquí, vendrá enseguida.
-Eso espero... hace unos días que no la veo.
-Está ocupada junto con Greck haciendo unas investigaciones sobre el paradero de tu Padre.
-Entiendo... espero que todo se solucione pronto...
-Todos lo esperamos. Pero para que eso se cumpla, estás tú. Sin ti... todos habríamos muerto hace tiempo ya...
-Ponéis demasiadas esperanzas en mí y yo no sé si seré capaz de lograr derrotarlo...
-Lo harás. Por tu bien y por el de Michael. ¿No decías que harías lo posible por volver junto a él?
-Sí, pero...
-Pero nada, tú lo harás y yo te ayudaré a lograrlo. Para eso estamos las amigas, ¿no?
-Sí... Y pensar que en un principio te odiaba a muerte...
-Las cosas cambian. Hoy por mí, mañana por ti... ya sabes.
-Ya, ya...
Después de eso, un aire extraño inundó la sala.
-Ya está aquí- dijo Lirin.
Justo en ese momento, la silueta de la Madre de Jun apareció justo en frente de la espectro, la cual se arrodilló acto seguido.
-Oh, princesa, he de pediros un favor.
-Por favor, no me trates de esa manera, joven Lirin. ¿Qué traes ahí?
-Es el cuerpo de su hija Jun, necesito que me prestéis una cosa...
-Tú dirás...
¿Cómo reaccionaría su Madre al enterarse de lo de su otra personalidad?
¿Les prestaría lo que necesitaban?
Fuese como fuese, ya iba siendo hora de averiguarlo.
Pero... por su bien y por el de todos, aquello debía ser... así.
Corazón oscuro 35
Episodio 35º
Después de que el chico se hubiese perdido tras la brillante arena, John y Ren ayudaron a Tom a levantarse mientras que Jun seguía mirando hacia el lugar por el que Michael había desaparecido.
Al cabo de unos instantes, Ren abandonó por un momento a los otros dos para acercarse hasta ella.
-Jun... ¿qué ha pasado?
-Él... solo quería defenderme... Pero...
-Se ha pasado, ¿no es así?
-Sí...
-¿Pero se puede saber de qué pretendía defenderte pegándole de esa forma a Tom?
-Tom... bueno, digamos que quería besarme y no me dejaba evitarlo...
-¿Cómo?
-A él... al perecer le gusto desde hace un tiempo...
-Pero eso es imposible. En un principio, él te odiaba.
-Lo sé, pero...
-Tranquila... diremos que se ha caído o algo por el estilo...
-Gracias, Ren...
-¿Estarás bien?
-He de ir a buscar a Michael. No quiero que piense que no me preocupo por él...
-De acuerdo... estaremos por aquí...
-Vale. Hasta luego- dijo antes de emprender la marcha.
-Suerte- dijo mientras la veía alejarse corriendo.
En unos minutos, pudo divisar al chico a quien buscaba.
Éste se hallaba subido a una roca, sentado mientras miraba al océano.
Dicho lugar se encontraba en la línea que separaba la arena del agua, por lo que había sido realmente fácil el subirse a ella.
En cuanto lo vio, se acercó más rápido todavía hasta la base de la roca y lo miró desde abajo con una aparente cara de preocupación.
-Michael... ¿estás bien?- le preguntó mientras intentaba verle los ojos, los cuales seguían clavados en el horizonte.
Pasaron los segundos y éste no contestaba.
-Por favor, Michael... necesito hablar contigo sobre lo que ha pasado. Yo... yo no quiero que te pongas tan violento por mí culpa...
El chico seguía sin responderla.
La verdad es que nunca había estado tan callado como lo estaba ahora. Aquello era algo... realmente extraño.
-Lo siento... sé que ha sido culpa mía y lo siento, te pido perdón. Si yo no estuviese a tu lado, tú jamás te habrías peleado con Tom... Perdóname, por favor- dijo mientras miraba hacia abajo y cerraba los ojos duramente.
-Esto no ha sido culpa tuya, Jun. Él sabe que eres mi novia y, aún después de que le dijeras que parase, prosiguió, ¿no es cierto? Aquí la única culpa la tiene Tom y no tú.
-Pero aún así, yo...
Pero justo antes de que pudiese continuar, un punzante dolor le atravesó el pecho.
-Agh...- dijo a la vez que caía de rodillas en la arena.
-¡Jun! ¿Qué te pasa?- preguntó sobresaltado mientras bajaba de donde estaba y se arrodillaba a su lado.
-Me... me duele...
El dolor que ahora sentía era prácticamente insoportable y, por lo tanto, no podía casi hablar con claridad.
Al cabo de unos instantes, la chica se derrumbó en el suelo y el chico se quedó bastante preocupado.
Intentó reanimarla, pero fue en vano.
Después de un buen rato, ésta pareció recobrar el sentido y se puso a cuatro patas sobre la arena que había bajo su cuerpo. Al estar en aquella postura, el pelo le tapaba la cara y Michael no podía verla con claridad.
-Jun... ¿te encuentras bien?- preguntó mientras se agachaba lo máximo que podía para poder verla.
-¿Te crees muy hombre por hacer que una mujer se preocupe de esa manera?- respondió una voz completamente diferente.
-¿J... Jun?
-Ja, ja, ja... pagarás por tal insolencia- dijo mientras se levantaba.
Cuando ésta se hubo hallado de pie frente a él, éste no podía creérselo.
El rostro de su amada mostraba ahora una sonrisa malévola y sus ojos se habían vuelto completamente rojos con su pupila vertical negra, cual gato. No parecía ser ella.
-¿Qué... qué diantres...?
-Yo ya no soy tu querida Jun, soy el ser que alberga su interior. Todas las ansias de asesinar a quien la estorbaban que fueron guardadas en su interior acabaron por crear a una persona completamente independiente y, por lo tanto, diferente. Yo soy esa persona o, mejor dicho, yo soy... sus ansias de sangre. ¡Ja, ja, ja!
-Y... ¿qué se supone que quieres?- dijo a la vez que se levantaba también.
-Hasta ahora había aguardado pacientemente dentro de ella y solo salía en los momentos de las batallas en las que estaba en juego su vida. Pero hoy... he decidido que no puedo esperar más en su interior. Tal y como están las cosas, lo mejor es que mi personalidad sobresalga de la suya para que no la pisoteen más en la vida. De otro modo, jamás logrará derrotar a su Padre.
-Pero... a ella no le gusta ser así...
-Es un sacrificio que tendrá que hacer. A partir de hoy, ¡yo soy la nueva Jun!
-¡Ni hablar! ¡No dejaré que su verdadera personalidad se apague!
-Vas listo, chaval. Por mucho que os queráis, jamás podrás contra mí. Soy mil veces más fuerte que tú y, ¡otras mil veces más sanguinaria que Jun!
E inesperadamente, uno de los brazos de Jun se elevó hasta palpar su propio cuello.
-Pero qué...- exclamó al vez que no podía controlar su propio brazo.
Y entonces, la mano de dicho brazo comenzó a apretar duramente su cuello.
-¡No, espera! ¡¿Se puede saber que haces?!- se dijo a sí misma mientras intentaba, con su otro brazo, librarse del que la apresaba.
-Jun...- dijo desde la distancia.
-¡No dejaré que te apoderes de mi cuerpo!- dijo la verdadera voz de la chica.
-¡¿No ves que sin mí estarás perdida?! ¡Jamás lograrás vencer en la batalla que tienes que luchar!
-¡Me da igual si así consigo no ser como tú!
-¡Aún no estoy acabada! ¡Cuando menos te lo esperes regresaré y me apoderaré de todo tu ser!
-¡Pues hasta entonces, púdrete en los confines de mi mente!
Seguidamente, Jun cayó de nuevo al suelo.
Aquello le había supuesto un gran esfuerzo tanto mental, como físicamente.
-¿Estás bien, Jun?
-Sí... siento haberte preocupado de esta forma...
-Tranquila, pero... ¿qué era eso?
-Cuando descubrí que tenía estos poderes y que todo lo que me había pasado había sido culpa de mis Padres y de mi Padre en particular, unas fuertes ansias de venganza se apoderaron momentaneamente de mí. Este tipo de reacción me asustó bastante, así que no tuve otro remedio que guardar todos esos sentimientos en lo más profundo de mi corazón, esperando que nunca saliesen a la superficie y que, con el tiempo, acabasen desapareciendo por sí solos, pero...
-Hoy han aflorado de nuevo, ¿no?
-Al parecer, formaron una persona completamente diferente a mí. Y ahora... ahora no sé cómo librarme de ella. La había estado dejando salir durante las peleas, para ver si así calmaba un poco sus ansias de sangre, pero parece que lo he empeorado. Al final resulta que todo es culpa mía...- dijo mientras se llevaba las manos a la cara.
-Nada es culpa tuya, Jun. Tú no podías saber que esa personalidad se estaba formando dentro de ti.
-No sé qué haré si vuelve a salir de nuevo. Esta vez he logrado contenerla por mi deseo de ayudarte pero, ¿qué pasará si la próxima vez no soy lo suficientemente fuerte como para lograr retenerla?
-Yo estaré ahí para ayudarte en caso de que suceda.
-¡No! Es peligroso si te quedas cerca de mí mientras tanto.
-Haré lo que sea por ayudarte, ya lo sabes.
-Gracias...
-Regresemos...
-Sí...
Después de eso, Michael la ayudó a levantarse y comenzaron su regreso hacia el grupo.
Cuando llegaron, pudieron comprobar que nada se había sobresaltado después de lo ocurrido. Debía ser que Ren y John había contado algo para tranquilizar al resto de alumnos y profesores.
-Capitán, Jun... ¿estáis bien los dos?- le preguntó Ren al verlos acercarse.
-Sí...- contestó Michael.
-John ha acompañado a Tom a ver a los profesores para que le prestasen auxilios médicos. Y por su parte... ha corroborado nuestra mentira de que se cayó sobre unas rocas...
-¿No ha querido decir la verdad?
-Ha admitido que fue culpa suya.
-Yo ya no me fio de él, de todas formas.
-Michael, por favor...
-Lo siento, lo siento...
Al cabo de unos minutos, los dos nombrados anteriormente se acercaron lentamente hasta ellos.
-Capitán, Jun... yo... lo siento de verás...
-Yo creo en las segundas oportunidades, pero no puedo darte ninguna. Lo siento mucho- dijo Jun, bastante seria.
-Lo comprendo...
-No podemos hacer como si no hubiese pasado nada, así que... me temo que solo quedaremos como conocidos.
-No pasa nada... Será mejor que me vaya quedando cerca de los profesores, va siendo hora de marcharse- dijo mientras recogía sus cosas y se alejaba.
-Nosotros deberíamos hacer lo mismo...
-Sí...
Seguidamente, todos los presentes recogieron sus cosas y las guardaron en sus mochilas correspondientes.
Al cabo de un rato, todos fueron donde los tutores.
-¡Bien, chicos! ¡Id poniendoos en filas de uno, por favor!- dijo una de las profesoras encargadas.
-¡Sí!- dijeron casi todos a la vez.
El trayecto hasta el autobus fue corto, pues éste había ido a recogerlos justo al lado de la avenida cercana a donde estaban.
Una vez se hubieron subido, cada uno se sentó donde buenamente pudo, quedando ahora todo el grupo de amigos distribuido.
Esta vez, Michael se había sentado junto a Jun en uno de los asientos parejos del medio del transporte y los demás se colocaron en la parte de atrás.
El tiempo que el camino duró fue largo, pero cuando llegaron al instituto a todos se les había hecho corto, pues no querían que la experiencia se acabase.
La semana siguiente sería el final del curso y el comienzo de las vacaciones de verano, por lo que no tendrían tanto tiempo para verse como antes.
Después de que todos se despidiesen, Jun se fue hasta su casa junto a Michael.
Por el camino, ninguno de los dos se atrevía a mencionar nada de lo ocurrido, y es por eso por lo que ninguno habló hasta que tuvieron que despedirse.
-Adiós, hasta el Lunes...
-Cuídate... ya te llamaré si eso...
-De acuerdo.
Seguidamente, ambos se dieron un corto beso y siguieron sus caminos.
Cuando Jun llegó a su casa, cerró la puerta tras de sí y dejó sus cosas en su cuarto, no pudo evitar sentirse mal. Ahora que todo empezaba a ir bien... ¿por qué tenía que pasar aquello? ¿No había sufrido ya lo suficiente?
Entonces, volvió a encontrarse mal de nuevo y el dolor comenzó nuevamente.
Sus pies comenzaron a moverse por sí solos y la llevaron hasta el cuarto de baño.
Una vez allí, la hicieron pararse justo en frente del espejo.
En éste se hallaba ahora su imagen, lo que parecía ser la del ser maligno que su interior albergaba.
-¿Otra vez... tú?- dijo mientras se apoyaba sobre el lavamanos y se llevaba la mano libre a la altura del corazón para agarrarse así esa parte de la camisa que llevaba.
-Veo que te sigues negando a aceptarme en ti.
-Nadie en su sano juicio lo haría.
-Es una pena que dentro de poco tu voluntad se acabe... Pero he de reconocer que me has dado guerra. Y yo que pensaba que sería sencillo...
-Jamás permitiré que te apoderes de mi cuerpo...
-Oh, vamos. Ni que fuera tan malo.
-Claro que lo es. Todo tú es maldad. Eres el fruto de mis sentimientos de venganza, está claro que es malo.
-Qué tontería. Gracias a mi instinto de sangre, tu fuerza se multiplicará y podrás vencer fácilmente.
-No lo aceptaré nunca.
-Entonces tendré que hacer que lo hagas... por la fuerza.
Seguidamente, el dolor se hizo más fuerte y sus ojos volvieron a ser como eran con su ser maligno.
-Nadie podrá derrotarme, ja, ja, ja...- dijo con la voz fría y seca propia de un demonio.
Cuando esta miró al espejo, pudo ver en él a la antigua Jun.
-¡Déjame salir de aquí!- dijo mientras aporraba el cristal desde dentro.
-Veamos qué te parece estar en lo más profundo de tu ser, ja, ja, ja.
Repentinamente, alguien toco al timbre y ésta se dirigió hacía la puerta de entrada.
-¡No, no le hagas daño a nadie!- gritó Jun desde las profundidades del espejo.
Al cabo de unos segundos, abrió la puerta y sonrió maléficamente al ver de quién se trataba.
-Jun, yo...- dijo.
-Vaya... Hola... Tom... je, je, je...
Después de que el chico se hubiese perdido tras la brillante arena, John y Ren ayudaron a Tom a levantarse mientras que Jun seguía mirando hacia el lugar por el que Michael había desaparecido.
Al cabo de unos instantes, Ren abandonó por un momento a los otros dos para acercarse hasta ella.
-Jun... ¿qué ha pasado?
-Él... solo quería defenderme... Pero...
-Se ha pasado, ¿no es así?
-Sí...
-¿Pero se puede saber de qué pretendía defenderte pegándole de esa forma a Tom?
-Tom... bueno, digamos que quería besarme y no me dejaba evitarlo...
-¿Cómo?
-A él... al perecer le gusto desde hace un tiempo...
-Pero eso es imposible. En un principio, él te odiaba.
-Lo sé, pero...
-Tranquila... diremos que se ha caído o algo por el estilo...
-Gracias, Ren...
-¿Estarás bien?
-He de ir a buscar a Michael. No quiero que piense que no me preocupo por él...
-De acuerdo... estaremos por aquí...
-Vale. Hasta luego- dijo antes de emprender la marcha.
-Suerte- dijo mientras la veía alejarse corriendo.
En unos minutos, pudo divisar al chico a quien buscaba.
Éste se hallaba subido a una roca, sentado mientras miraba al océano.
Dicho lugar se encontraba en la línea que separaba la arena del agua, por lo que había sido realmente fácil el subirse a ella.
En cuanto lo vio, se acercó más rápido todavía hasta la base de la roca y lo miró desde abajo con una aparente cara de preocupación.
-Michael... ¿estás bien?- le preguntó mientras intentaba verle los ojos, los cuales seguían clavados en el horizonte.
Pasaron los segundos y éste no contestaba.
-Por favor, Michael... necesito hablar contigo sobre lo que ha pasado. Yo... yo no quiero que te pongas tan violento por mí culpa...
El chico seguía sin responderla.
La verdad es que nunca había estado tan callado como lo estaba ahora. Aquello era algo... realmente extraño.
-Lo siento... sé que ha sido culpa mía y lo siento, te pido perdón. Si yo no estuviese a tu lado, tú jamás te habrías peleado con Tom... Perdóname, por favor- dijo mientras miraba hacia abajo y cerraba los ojos duramente.
-Esto no ha sido culpa tuya, Jun. Él sabe que eres mi novia y, aún después de que le dijeras que parase, prosiguió, ¿no es cierto? Aquí la única culpa la tiene Tom y no tú.
-Pero aún así, yo...
Pero justo antes de que pudiese continuar, un punzante dolor le atravesó el pecho.
-Agh...- dijo a la vez que caía de rodillas en la arena.
-¡Jun! ¿Qué te pasa?- preguntó sobresaltado mientras bajaba de donde estaba y se arrodillaba a su lado.
-Me... me duele...
El dolor que ahora sentía era prácticamente insoportable y, por lo tanto, no podía casi hablar con claridad.
Al cabo de unos instantes, la chica se derrumbó en el suelo y el chico se quedó bastante preocupado.
Intentó reanimarla, pero fue en vano.
Después de un buen rato, ésta pareció recobrar el sentido y se puso a cuatro patas sobre la arena que había bajo su cuerpo. Al estar en aquella postura, el pelo le tapaba la cara y Michael no podía verla con claridad.
-Jun... ¿te encuentras bien?- preguntó mientras se agachaba lo máximo que podía para poder verla.
-¿Te crees muy hombre por hacer que una mujer se preocupe de esa manera?- respondió una voz completamente diferente.
-¿J... Jun?
-Ja, ja, ja... pagarás por tal insolencia- dijo mientras se levantaba.
Cuando ésta se hubo hallado de pie frente a él, éste no podía creérselo.
El rostro de su amada mostraba ahora una sonrisa malévola y sus ojos se habían vuelto completamente rojos con su pupila vertical negra, cual gato. No parecía ser ella.
-¿Qué... qué diantres...?
-Yo ya no soy tu querida Jun, soy el ser que alberga su interior. Todas las ansias de asesinar a quien la estorbaban que fueron guardadas en su interior acabaron por crear a una persona completamente independiente y, por lo tanto, diferente. Yo soy esa persona o, mejor dicho, yo soy... sus ansias de sangre. ¡Ja, ja, ja!
-Y... ¿qué se supone que quieres?- dijo a la vez que se levantaba también.
-Hasta ahora había aguardado pacientemente dentro de ella y solo salía en los momentos de las batallas en las que estaba en juego su vida. Pero hoy... he decidido que no puedo esperar más en su interior. Tal y como están las cosas, lo mejor es que mi personalidad sobresalga de la suya para que no la pisoteen más en la vida. De otro modo, jamás logrará derrotar a su Padre.
-Pero... a ella no le gusta ser así...
-Es un sacrificio que tendrá que hacer. A partir de hoy, ¡yo soy la nueva Jun!
-¡Ni hablar! ¡No dejaré que su verdadera personalidad se apague!
-Vas listo, chaval. Por mucho que os queráis, jamás podrás contra mí. Soy mil veces más fuerte que tú y, ¡otras mil veces más sanguinaria que Jun!
E inesperadamente, uno de los brazos de Jun se elevó hasta palpar su propio cuello.
-Pero qué...- exclamó al vez que no podía controlar su propio brazo.
Y entonces, la mano de dicho brazo comenzó a apretar duramente su cuello.
-¡No, espera! ¡¿Se puede saber que haces?!- se dijo a sí misma mientras intentaba, con su otro brazo, librarse del que la apresaba.
-Jun...- dijo desde la distancia.
-¡No dejaré que te apoderes de mi cuerpo!- dijo la verdadera voz de la chica.
-¡¿No ves que sin mí estarás perdida?! ¡Jamás lograrás vencer en la batalla que tienes que luchar!
-¡Me da igual si así consigo no ser como tú!
-¡Aún no estoy acabada! ¡Cuando menos te lo esperes regresaré y me apoderaré de todo tu ser!
-¡Pues hasta entonces, púdrete en los confines de mi mente!
Seguidamente, Jun cayó de nuevo al suelo.
Aquello le había supuesto un gran esfuerzo tanto mental, como físicamente.
-¿Estás bien, Jun?
-Sí... siento haberte preocupado de esta forma...
-Tranquila, pero... ¿qué era eso?
-Cuando descubrí que tenía estos poderes y que todo lo que me había pasado había sido culpa de mis Padres y de mi Padre en particular, unas fuertes ansias de venganza se apoderaron momentaneamente de mí. Este tipo de reacción me asustó bastante, así que no tuve otro remedio que guardar todos esos sentimientos en lo más profundo de mi corazón, esperando que nunca saliesen a la superficie y que, con el tiempo, acabasen desapareciendo por sí solos, pero...
-Hoy han aflorado de nuevo, ¿no?
-Al parecer, formaron una persona completamente diferente a mí. Y ahora... ahora no sé cómo librarme de ella. La había estado dejando salir durante las peleas, para ver si así calmaba un poco sus ansias de sangre, pero parece que lo he empeorado. Al final resulta que todo es culpa mía...- dijo mientras se llevaba las manos a la cara.
-Nada es culpa tuya, Jun. Tú no podías saber que esa personalidad se estaba formando dentro de ti.
-No sé qué haré si vuelve a salir de nuevo. Esta vez he logrado contenerla por mi deseo de ayudarte pero, ¿qué pasará si la próxima vez no soy lo suficientemente fuerte como para lograr retenerla?
-Yo estaré ahí para ayudarte en caso de que suceda.
-¡No! Es peligroso si te quedas cerca de mí mientras tanto.
-Haré lo que sea por ayudarte, ya lo sabes.
-Gracias...
-Regresemos...
-Sí...
Después de eso, Michael la ayudó a levantarse y comenzaron su regreso hacia el grupo.
Cuando llegaron, pudieron comprobar que nada se había sobresaltado después de lo ocurrido. Debía ser que Ren y John había contado algo para tranquilizar al resto de alumnos y profesores.
-Capitán, Jun... ¿estáis bien los dos?- le preguntó Ren al verlos acercarse.
-Sí...- contestó Michael.
-John ha acompañado a Tom a ver a los profesores para que le prestasen auxilios médicos. Y por su parte... ha corroborado nuestra mentira de que se cayó sobre unas rocas...
-¿No ha querido decir la verdad?
-Ha admitido que fue culpa suya.
-Yo ya no me fio de él, de todas formas.
-Michael, por favor...
-Lo siento, lo siento...
Al cabo de unos minutos, los dos nombrados anteriormente se acercaron lentamente hasta ellos.
-Capitán, Jun... yo... lo siento de verás...
-Yo creo en las segundas oportunidades, pero no puedo darte ninguna. Lo siento mucho- dijo Jun, bastante seria.
-Lo comprendo...
-No podemos hacer como si no hubiese pasado nada, así que... me temo que solo quedaremos como conocidos.
-No pasa nada... Será mejor que me vaya quedando cerca de los profesores, va siendo hora de marcharse- dijo mientras recogía sus cosas y se alejaba.
-Nosotros deberíamos hacer lo mismo...
-Sí...
Seguidamente, todos los presentes recogieron sus cosas y las guardaron en sus mochilas correspondientes.
Al cabo de un rato, todos fueron donde los tutores.
-¡Bien, chicos! ¡Id poniendoos en filas de uno, por favor!- dijo una de las profesoras encargadas.
-¡Sí!- dijeron casi todos a la vez.
El trayecto hasta el autobus fue corto, pues éste había ido a recogerlos justo al lado de la avenida cercana a donde estaban.
Una vez se hubieron subido, cada uno se sentó donde buenamente pudo, quedando ahora todo el grupo de amigos distribuido.
Esta vez, Michael se había sentado junto a Jun en uno de los asientos parejos del medio del transporte y los demás se colocaron en la parte de atrás.
El tiempo que el camino duró fue largo, pero cuando llegaron al instituto a todos se les había hecho corto, pues no querían que la experiencia se acabase.
La semana siguiente sería el final del curso y el comienzo de las vacaciones de verano, por lo que no tendrían tanto tiempo para verse como antes.
Después de que todos se despidiesen, Jun se fue hasta su casa junto a Michael.
Por el camino, ninguno de los dos se atrevía a mencionar nada de lo ocurrido, y es por eso por lo que ninguno habló hasta que tuvieron que despedirse.
-Adiós, hasta el Lunes...
-Cuídate... ya te llamaré si eso...
-De acuerdo.
Seguidamente, ambos se dieron un corto beso y siguieron sus caminos.
Cuando Jun llegó a su casa, cerró la puerta tras de sí y dejó sus cosas en su cuarto, no pudo evitar sentirse mal. Ahora que todo empezaba a ir bien... ¿por qué tenía que pasar aquello? ¿No había sufrido ya lo suficiente?
Entonces, volvió a encontrarse mal de nuevo y el dolor comenzó nuevamente.
Sus pies comenzaron a moverse por sí solos y la llevaron hasta el cuarto de baño.
Una vez allí, la hicieron pararse justo en frente del espejo.
En éste se hallaba ahora su imagen, lo que parecía ser la del ser maligno que su interior albergaba.
-¿Otra vez... tú?- dijo mientras se apoyaba sobre el lavamanos y se llevaba la mano libre a la altura del corazón para agarrarse así esa parte de la camisa que llevaba.
-Veo que te sigues negando a aceptarme en ti.
-Nadie en su sano juicio lo haría.
-Es una pena que dentro de poco tu voluntad se acabe... Pero he de reconocer que me has dado guerra. Y yo que pensaba que sería sencillo...
-Jamás permitiré que te apoderes de mi cuerpo...
-Oh, vamos. Ni que fuera tan malo.
-Claro que lo es. Todo tú es maldad. Eres el fruto de mis sentimientos de venganza, está claro que es malo.
-Qué tontería. Gracias a mi instinto de sangre, tu fuerza se multiplicará y podrás vencer fácilmente.
-No lo aceptaré nunca.
-Entonces tendré que hacer que lo hagas... por la fuerza.
Seguidamente, el dolor se hizo más fuerte y sus ojos volvieron a ser como eran con su ser maligno.
-Nadie podrá derrotarme, ja, ja, ja...- dijo con la voz fría y seca propia de un demonio.
Cuando esta miró al espejo, pudo ver en él a la antigua Jun.
-¡Déjame salir de aquí!- dijo mientras aporraba el cristal desde dentro.
-Veamos qué te parece estar en lo más profundo de tu ser, ja, ja, ja.
Repentinamente, alguien toco al timbre y ésta se dirigió hacía la puerta de entrada.
-¡No, no le hagas daño a nadie!- gritó Jun desde las profundidades del espejo.
Al cabo de unos segundos, abrió la puerta y sonrió maléficamente al ver de quién se trataba.
-Jun, yo...- dijo.
-Vaya... Hola... Tom... je, je, je...
Corazón oscuro 34
Episodio 34º
El tiempo transcurrió rápido y pronto llegó la hora del almuerzo.
Todos hicieron las cartas a un lado y sacaron de sus mochilas sus cajitas del almuerzo correspondientes.
Jun, al ver que las de los chicos eran bastante pequeñas, se quedó bastante sorprendida. La tarde anterior había previsto que no debía llevar mucha comida, pero ese pensamiento se contrarrestaba con el de que iban a estar cansados de tanto ajetreo y necesitarían recobrar fuerzas, es por eso que ella se había preparado una cantidad... considerable.
Por consiguiente, cuando ésta sacó la suya, todos tuvieron con ella la misma sensación que la chica al ver las suyas.
-Jun... ¿qué haces con esa caja del almuerzo tan grande?- preguntó Ren, algo extrañado.
-Es que... pensé que el cansancio me daría apetito, así que preparé todo esto...- dijo destapando el objeto.
Al abrirlo, todos los presentes se quedaron mucho más sorprendidos todavía.
Allí dentro podía haber comida para, por lo menos, cuatro personas. Y no para cuatro personas cualquiera, sino para cuatro personas con bastante apetito.
-Creo que te va a sobrar bastante...- dijo John mientras observaba su delgado cuerpo.
-Sí... tal vez tengáis razón...- dijo mientras cogía sus palillos-. Bueno, el resto me lo comeré para la cena... Ah, pero... si queréis, podéis coger.
-¿En serio?- se apresuró Ren sin darle tiempo siquiera a terminar la frase.
-Cla... claro.
-Pues vale, gracias, Jun- dijo mientras corría a introducir sus palillos en aquella comida.
El chico, al probarlo, se quedó paralizado.
-¿Qué... qué pasa?- le preguntó, extrañada.
-Está... ¡Está buenísimo!- dijo mientras continuaba.
-Oh... ¿en serio?
-¡Claro! ¡Eres muy buena cocinera, Jun!
-Je, je, je, muchas gracias, Ren.
-Jun, será mejor que comas algo o este se lo va a acabar comiendo todo...- la advirtió John.
-Sí, claro... Coged también los demás si queréis. Después de todo, debajo de esto que veis hay más todavía.
-¿Más?
-Ya os dije que me pasé un poco...
-Ya lo vemos, ya...
-Bueno, como sea... gracias por invitarnos, Jun- le agradeció Tom.
-De nada.
Después de eso, cada uno se tomó su tiempo para comer.
Todos habían probado la comida que Jun había llevado y estaban completamente de acuerdo con Ren: aquella comida era digna de un banquete para dioses.
La manera con la que el dulce se combinaba con el salado y viceversa era increíble. La verdad es que no recordaban haber probado algo así en su vida.
Al cabo de un tiempo, todos terminaron y guardaron sus cosas dentro de sus mochilas.
Inesperadamente, a Jun no le había sobrado nada de lo que había llevado, y eso era una prueba más de que valía su peso en oro como cocinera.
-Bueno... creo que me iré a dar un paseo para bajar la comida- dijo John mientras se levantaba.
-Voy contigo- le dijo Ren-. ¿Vosotros qué haréis?
-Yo no tengo muchas ganas de caminar ahora...- dijo Tom, algo perezoso.
-Yo creo que descansaré también- dijo Michael.
-Um... estoy algo cansada de la caminata de antes, mejor me quedo también.
-Vale, pues nos vemos después.
-Adiós, chicos- se despidió John.
-Adiós- se despidieron los demás.
En unos instantes, lo dos se perdieron en el horizonte y allí quedaron los tres, mirándose los unos a los otros.
-Bueno... ¿alguna idea de qué hacer?- preguntó Tom, algo inquieto.
-Yo tengo algo de sueño- dijo Jun.
-Sí, yo también...- la acompañó Michael.
-Durmamos, pues.
Instantes después, Jun y Michael se acurrucaron en la toalla del chico y se quedaron dormidos al instante, abrazándose dulcemente.
Desde una distancia remotamente corta, los observaba Tom.
La verdad es que le alegraba que los dos fueran felices, pero tampoco tenían que estar tan apegados el uno al otro tanto tiempo, pues ya le estaba empezando a resultar molesto.
-Veo que te inquieta...- le dijo una voz a su espalda.
-¿Eh?- preguntó a la vez que se viraba-. Ah, eres tú...- dijo al comprobar de quién se trataba.
-Te gusta Jun, ¿cierto?- le dijo, en tono burlón.
-¿Y qué con eso?
-¿No deberías "luchar" por ella?
-Ella es la novia de mi mejor amigo, jamás podría hacerle eso a mi Capitán.
-Pues te advierto una cosa. Si para hacer que Michael se interese en mí tengo que pisotearla a ella, no dudaré en hacerlo.
-Entonces yo estaré ahí para protegerlos a los dos.
-Qué servicial... Ja, ja, ja, ¡vamos! ¡Eso no te lo crees ni tú! En el fondo de tu corazón deseas que rompan, lo que pasa es que no quieres admitir que eres una mala persona.
-Mira quién fue a hablar... la más retorcida de todas las pijas del universo. Lissy, no eres la más indicada para decir eso, aunque... tú ni siquiera intentas esconder tus locuras.
-Bueno... así me va.
-Ya, ya... eso lo sabemos todos después del numerito del otro día...
-No fue culpa mía...
-Sí, sí, lo que tú digas.
-El caso es que me atacó él, yo no tuve nada que ver.
-Tonterías. Si no lo molestases tanto, para empezar, no se habría puesto así.
-Ya, ya... si siempre tengo la culpa yo, qué casualidad...
-Por cierto, hablando de culpas... ¿dónde están tus dos testarudas compañeras? No me digas que se han dado cuenta de tu arrogancia y se han largado con viento fresco.
-Pero qué grosero que puedes llegar a ser. Para tu información, ellas se han quedado en casa.
-¿Y esa novedad?
-No les apetecía venir a ver a esos dos estar con mimitos todo el santo día.
-Entonces... ¿por qué has venido tú, si puede saberse?- dijo mientras se viraba para poder volver a mirarla.
-Yo soy mucho más fuerte moralmente que esas dos tontas. Puedo aguantar viéndolos así el tiempo que quiera. Después de todo... el que ríe el último, ríe mejor, ¿no?
-Qué tontería más grande.
-Más grande es la tontería que tú estás haciendo. Mira que quedarte mirando como si fueses un simple espectador... qué penoso.
-Ya, ya... tú tampoco haces gran cosa para que Michael se interese en ti.
-Es porque esa maldita Jun no me deja ni acercarme. Seguro que le ha contado muchas cosas malas sobre mí.
-Bah, esa reputación te la has buscado tú solita.
-Lo que tú digas... De todas formas no sé qué hago yo aquí hablando contigo, para empezar. Solo quería ver cuán triste estabas, pero ahora que ya lo sé, no me retiene nada más aquí. Me vuelvo con las otras chicas, adiós.
-Sí, sí, corre a esconderte. ¿No decías que podías estar el tiempo que quisieses mirándolos juntos?
-Yo no huyo, solo me doy la vuelta y sigo mi camino. Es diferente.
-¿Tu camino? Vaya... qué camino más cobarde, ¿no?
-Tú a callar. No necesito consejos de alguien que ni siquiera es capaz de luchar por la chica que le gusta solo porque está con su mejor amigo.
-La amistad es para siempre, el amor se puede acabar en dos días.
-Bueno, pues ya me dirás qué tal te va en dos días- dijo mientras se alejaba.
-En el fondo... los dos estamos igual- dijo casi en un suspiro.
-Entonces... no nos rindamos ninguno- dijo mientras desaparecía tras la brillante arena.
El tiempo pasó y Tom no hacía más que pensar en Jun.
Ahora que se fijaba bien, Michael y ella estaban bastante unidos pero... ¿qué pasaría si él llegaba a interponerse en su relación?
Si aquella fuese normal, tal vez las consecuencias no fuesen de gran gravedad, pero Jun no era una chica normal y corriente, por lo que no podía descartar ninguna posibilidad.
Después de pensarlo un tiempo, llegó a la conclusión de que era mejor no meterse y seguir observándolos en la distancia en la que lo hace un amigo, al menos por el momento. Si en alguna ocasión, su Capitan la hería sentimentalmente, allí estaría él para apoyarla, por muy rastrero que sonase, pero... ¿podría aguantar tanto tiempo?
En unos momentos, la chica se despertó lentamente.
Ésta, al ver que su novio aún dormía, se separó lenta y cuidadosamente para poder sentarse sobre su propia toalla.
-Vaya, hola, Jun- la saludó Tom.
-Hola...- dijo en un bostezo.
-¿Qué tal has dormido?
-Bastante bien... ¿qué hora es?
-Las... cuatro de la tarde. Ya solo quedan tres horas para que nos vayamos.
-Sí... ¿no han regresado ni John ni Ren?
-No... la verdad es que no sé dónde pueden estar...
-Bueno, ya regresarán. Después de todo, sus cosas están aquí.
-Sí, cierto.
-A ver si este dormilón se despierta, je, je, je...
-Sí... Oye, Jun...
-Sí, dime.
-Verás, yo...- dijo bajando la cabeza.
-¿Te ocurre algo?
-Es que... no estoy seguro de poder seguir con esto...
-¿Con qué? ¿de qué hablas? ¿Tienes algún problema? Si es así, si puedo ayudarte en algo...
-Jun, ya te lo dije el otro día, pero aún así... no puedo soportar el veros así más tiempo. Yo te amo, y el verte con mi Capitán... se me hace casi insoportable.
-Tom... ya hablamos de esto. Yo quiero a Michael.
-¿No podrías pensarlo un poco más? Al menos dame alguna esperanza...
-No puedo hacerlo. Desde el principio te dejé bien claro que yo no puedo amar a otro hombre que no sea él. Es por eso que no hay esperanzas... ni para ti, ni para nadie. Lo siento mucho, de verdad...
-¡No me basta con un "lo siento"! Cada vez que os veo juntos... siento como si mi corazón se rompiese cada vez más. Esto es una agonía casi insoportable y no puedo soportalo más.
-Pronto dejarás de vernos juntos en un tiempo...
-¿Eh? ¿Por qué?
-He de emprender un viaje y puede que jamás regrese pero, en caso de volver, ten por seguro que yo seguiré amando a Michael. No tengo ojos para nadie más que no sea él...
-¡Por favor, Jun, no me hagas esto!- dijo mientras la acorralaba contra la palmera cercana a ellos.
Seguidamente, Tom la miró a los ojos.
La distancia que los separaba se iba acortando cada vez más puesto que él no cesaba su avance hacia ella.
Su propósito era besarla al menos una vez, pues así se quedaría mínimamente satisfecho.
-Tom, por favor... déjalo ya...
-No puedo hacerlo. Necesito tocarte, abrazarte, besarte... necesito tenerte...- dijo mientras acortaba aún más las distancias.
Pronto, sus rostros se acercaron cada vez más.
Jun, al ver sus propósitos, intentó detenerlo, pero este la agarró las manos con las suyas y la inmovilizó.
Ella podría haberse librado de él fácilmente, pero no quería utilizar sus poderes con un humano de aquella forma; después de todo, no sabía qué podía ocasionar con dicha reacción.
Al cabo de unos instantes, los labios de Tom se acercaron cada vez más a los de Jun.
-Por favor, Tom, no lo hagas. Déjame, por favor...- dijo mientras forcejeaba para intentar liberarse.
Todo aquello resultó inútil, pues este no dejaba de acercase.
Y, después de todo aquello, los labios del chico rozaron los de ella.
Repentinamente, alguien le propinó un fuerte puñetazo en su mejilla izquierda, haciendo así que callese al suelo.
-¡¿Qué te crees que estás haciendo?!
-Ugh...- dijo mientras se llevaba una mano a la zona afectada por el golpe.
-¡Michael!- dijo Jun mientras se levantaba y corría hasta él.
-¿Estás bien?- le preguntó mientras la abrazaba.
-Sí... estoy bien...- dijo mientras se acurrucaba a él, cerrando así los ojos.
-¡Tú! ¡¿Cómo te atreves a hacerle eso a mi novia?! ¡¿Estás mal de la cabeza o qué coño te pasa?!
-No puedo evitarlo... ¡no soporto veros juntos! ¡Ella tiene que ser mía! ¡¿Por qué siempre tienes que llevarte a todas las chicas?! ¡Para una vez que alguien me gusta, tienes que aparecer tú y robármela!
-¡Para empezar, ella estaba conmigo desde el principio! ¡Es más, tú ni siquiera la aguantabas, ¿no es así?! ¡No me vengas ahora con esas mierdas!
-¡Todo tiene que ser para ti, ¿no?! ¡Pues ya estoy harto!
-¡Más harto me tienes tú! ¡No quiero que te vuelvas a acercar a ella!
-¡Tú no puedes decirme lo que puedo o no hacer!
-¡Si se trata de ella, entonces sí puedo! ¡Cómo vuelva a verte cerca de ella, te rebiento, gilipollas!
-¡¿Tú y cuántos más?!
-¡Yo sólo me basto y me sobro! Vámonos, Jun- dijo mientras se giraba y comenzaba a alejarse junto a ella.
-¡En cuanto te despistes, ella será mía!
Aquello le había tocado demasiado la moral, así que no pudo evitar lo que pasaría a continuación.
Michael, al oir lo que Tom le había dicho, apartó dulcemente a Jun hacia un lado y corrió en dirección a su "amigo". Seguidamente, lo tiró al suelo y se colocó sobre él para, acto seguido, comenzar a darle golpes en su rostro con los dos puños cerrados.
-¡No te atrevas a repetirlo!- dijo entre golpe y golpe, bastante furioso.
-Michael, por favor...- dijo Jun mientras se acercaba corriendo al ver que Tom comenzaba ya a sangrar por la nariz.
-¡Cómo te vuelva a ver no pararé hasta matarte, ¿me oyes?!- dijo, sin cesar su ataque.
-¡Michael, por favor, déjalo ya!- gritó Jun mientras comenzaba a soltar unas pequeñas lágrimas por sus ojos y se llevaba las dos manos a la cara para tapar dicho acto.
Al escuchar sus súplicas, Michael se detuvo.
Después de jadear un poco, pudo ver que el rostro de Tom estaba totalmente herido. Tenía las dos mejillas hinchadas, un ojo morado y la nariz le sangraba a más no poder. Además de eso, se podía ver que tenía un corte en la ceja derecha y otro en la comisura de los labios.
Seguidamente, el chico se levantó poco a poco y lo miró desde arriba.
Al cabo de mirarlo unos segundos, se alejó de él y se acercó hasta donde estaba Jun para abrazarla nuevamente.
-Lo siento... he sido demasiado brusco...
-Por favor, Michael... no vuelvas a ponerte así... no me gusta que os peleeis...- dijo entre llanto y llanto.
-Perdóname...
En unos instantes, Ren y John se acercaron rápidamente.
Al ver a Tom en el suelo y sangrando, ambos se preocuparon bastante.
-¿Qué ha pasado aquí? ¿Os ha atacado alguien?- preguntó Ren, bastante sobresaltado.
-No... he sido yo...- confesó Michael.
-¡Pero capitán!- se extrañó John.
-Lo siento... necesito estar solo...- dijo antes de darle un beso a Jun en la frente y alejarse lentamente.
-Michael...- se le quedó mirando Jun.
La verdad es que aquel ataque de rabia era nuevo en él.
La última vez que lo había visto de esa forma, no había sido ni la mitad de intensa que esa.
Jun estaba empezando a preocuparse. ¿Era culpa suya que Michael reaccionase así? ¿Debía, por tanto, alejarse lo más posible de él para que no pudiese volver a enfadarse así por su culpa?
Fuese como fuese, debía hablar con él cuanto antes.
Si no, quién sabe lo que podría llegar a... suceder...
El tiempo transcurrió rápido y pronto llegó la hora del almuerzo.
Todos hicieron las cartas a un lado y sacaron de sus mochilas sus cajitas del almuerzo correspondientes.
Jun, al ver que las de los chicos eran bastante pequeñas, se quedó bastante sorprendida. La tarde anterior había previsto que no debía llevar mucha comida, pero ese pensamiento se contrarrestaba con el de que iban a estar cansados de tanto ajetreo y necesitarían recobrar fuerzas, es por eso que ella se había preparado una cantidad... considerable.
Por consiguiente, cuando ésta sacó la suya, todos tuvieron con ella la misma sensación que la chica al ver las suyas.
-Jun... ¿qué haces con esa caja del almuerzo tan grande?- preguntó Ren, algo extrañado.
-Es que... pensé que el cansancio me daría apetito, así que preparé todo esto...- dijo destapando el objeto.
Al abrirlo, todos los presentes se quedaron mucho más sorprendidos todavía.
Allí dentro podía haber comida para, por lo menos, cuatro personas. Y no para cuatro personas cualquiera, sino para cuatro personas con bastante apetito.
-Creo que te va a sobrar bastante...- dijo John mientras observaba su delgado cuerpo.
-Sí... tal vez tengáis razón...- dijo mientras cogía sus palillos-. Bueno, el resto me lo comeré para la cena... Ah, pero... si queréis, podéis coger.
-¿En serio?- se apresuró Ren sin darle tiempo siquiera a terminar la frase.
-Cla... claro.
-Pues vale, gracias, Jun- dijo mientras corría a introducir sus palillos en aquella comida.
El chico, al probarlo, se quedó paralizado.
-¿Qué... qué pasa?- le preguntó, extrañada.
-Está... ¡Está buenísimo!- dijo mientras continuaba.
-Oh... ¿en serio?
-¡Claro! ¡Eres muy buena cocinera, Jun!
-Je, je, je, muchas gracias, Ren.
-Jun, será mejor que comas algo o este se lo va a acabar comiendo todo...- la advirtió John.
-Sí, claro... Coged también los demás si queréis. Después de todo, debajo de esto que veis hay más todavía.
-¿Más?
-Ya os dije que me pasé un poco...
-Ya lo vemos, ya...
-Bueno, como sea... gracias por invitarnos, Jun- le agradeció Tom.
-De nada.
Después de eso, cada uno se tomó su tiempo para comer.
Todos habían probado la comida que Jun había llevado y estaban completamente de acuerdo con Ren: aquella comida era digna de un banquete para dioses.
La manera con la que el dulce se combinaba con el salado y viceversa era increíble. La verdad es que no recordaban haber probado algo así en su vida.
Al cabo de un tiempo, todos terminaron y guardaron sus cosas dentro de sus mochilas.
Inesperadamente, a Jun no le había sobrado nada de lo que había llevado, y eso era una prueba más de que valía su peso en oro como cocinera.
-Bueno... creo que me iré a dar un paseo para bajar la comida- dijo John mientras se levantaba.
-Voy contigo- le dijo Ren-. ¿Vosotros qué haréis?
-Yo no tengo muchas ganas de caminar ahora...- dijo Tom, algo perezoso.
-Yo creo que descansaré también- dijo Michael.
-Um... estoy algo cansada de la caminata de antes, mejor me quedo también.
-Vale, pues nos vemos después.
-Adiós, chicos- se despidió John.
-Adiós- se despidieron los demás.
En unos instantes, lo dos se perdieron en el horizonte y allí quedaron los tres, mirándose los unos a los otros.
-Bueno... ¿alguna idea de qué hacer?- preguntó Tom, algo inquieto.
-Yo tengo algo de sueño- dijo Jun.
-Sí, yo también...- la acompañó Michael.
-Durmamos, pues.
Instantes después, Jun y Michael se acurrucaron en la toalla del chico y se quedaron dormidos al instante, abrazándose dulcemente.
Desde una distancia remotamente corta, los observaba Tom.
La verdad es que le alegraba que los dos fueran felices, pero tampoco tenían que estar tan apegados el uno al otro tanto tiempo, pues ya le estaba empezando a resultar molesto.
-Veo que te inquieta...- le dijo una voz a su espalda.
-¿Eh?- preguntó a la vez que se viraba-. Ah, eres tú...- dijo al comprobar de quién se trataba.
-Te gusta Jun, ¿cierto?- le dijo, en tono burlón.
-¿Y qué con eso?
-¿No deberías "luchar" por ella?
-Ella es la novia de mi mejor amigo, jamás podría hacerle eso a mi Capitán.
-Pues te advierto una cosa. Si para hacer que Michael se interese en mí tengo que pisotearla a ella, no dudaré en hacerlo.
-Entonces yo estaré ahí para protegerlos a los dos.
-Qué servicial... Ja, ja, ja, ¡vamos! ¡Eso no te lo crees ni tú! En el fondo de tu corazón deseas que rompan, lo que pasa es que no quieres admitir que eres una mala persona.
-Mira quién fue a hablar... la más retorcida de todas las pijas del universo. Lissy, no eres la más indicada para decir eso, aunque... tú ni siquiera intentas esconder tus locuras.
-Bueno... así me va.
-Ya, ya... eso lo sabemos todos después del numerito del otro día...
-No fue culpa mía...
-Sí, sí, lo que tú digas.
-El caso es que me atacó él, yo no tuve nada que ver.
-Tonterías. Si no lo molestases tanto, para empezar, no se habría puesto así.
-Ya, ya... si siempre tengo la culpa yo, qué casualidad...
-Por cierto, hablando de culpas... ¿dónde están tus dos testarudas compañeras? No me digas que se han dado cuenta de tu arrogancia y se han largado con viento fresco.
-Pero qué grosero que puedes llegar a ser. Para tu información, ellas se han quedado en casa.
-¿Y esa novedad?
-No les apetecía venir a ver a esos dos estar con mimitos todo el santo día.
-Entonces... ¿por qué has venido tú, si puede saberse?- dijo mientras se viraba para poder volver a mirarla.
-Yo soy mucho más fuerte moralmente que esas dos tontas. Puedo aguantar viéndolos así el tiempo que quiera. Después de todo... el que ríe el último, ríe mejor, ¿no?
-Qué tontería más grande.
-Más grande es la tontería que tú estás haciendo. Mira que quedarte mirando como si fueses un simple espectador... qué penoso.
-Ya, ya... tú tampoco haces gran cosa para que Michael se interese en ti.
-Es porque esa maldita Jun no me deja ni acercarme. Seguro que le ha contado muchas cosas malas sobre mí.
-Bah, esa reputación te la has buscado tú solita.
-Lo que tú digas... De todas formas no sé qué hago yo aquí hablando contigo, para empezar. Solo quería ver cuán triste estabas, pero ahora que ya lo sé, no me retiene nada más aquí. Me vuelvo con las otras chicas, adiós.
-Sí, sí, corre a esconderte. ¿No decías que podías estar el tiempo que quisieses mirándolos juntos?
-Yo no huyo, solo me doy la vuelta y sigo mi camino. Es diferente.
-¿Tu camino? Vaya... qué camino más cobarde, ¿no?
-Tú a callar. No necesito consejos de alguien que ni siquiera es capaz de luchar por la chica que le gusta solo porque está con su mejor amigo.
-La amistad es para siempre, el amor se puede acabar en dos días.
-Bueno, pues ya me dirás qué tal te va en dos días- dijo mientras se alejaba.
-En el fondo... los dos estamos igual- dijo casi en un suspiro.
-Entonces... no nos rindamos ninguno- dijo mientras desaparecía tras la brillante arena.
El tiempo pasó y Tom no hacía más que pensar en Jun.
Ahora que se fijaba bien, Michael y ella estaban bastante unidos pero... ¿qué pasaría si él llegaba a interponerse en su relación?
Si aquella fuese normal, tal vez las consecuencias no fuesen de gran gravedad, pero Jun no era una chica normal y corriente, por lo que no podía descartar ninguna posibilidad.
Después de pensarlo un tiempo, llegó a la conclusión de que era mejor no meterse y seguir observándolos en la distancia en la que lo hace un amigo, al menos por el momento. Si en alguna ocasión, su Capitan la hería sentimentalmente, allí estaría él para apoyarla, por muy rastrero que sonase, pero... ¿podría aguantar tanto tiempo?
En unos momentos, la chica se despertó lentamente.
Ésta, al ver que su novio aún dormía, se separó lenta y cuidadosamente para poder sentarse sobre su propia toalla.
-Vaya, hola, Jun- la saludó Tom.
-Hola...- dijo en un bostezo.
-¿Qué tal has dormido?
-Bastante bien... ¿qué hora es?
-Las... cuatro de la tarde. Ya solo quedan tres horas para que nos vayamos.
-Sí... ¿no han regresado ni John ni Ren?
-No... la verdad es que no sé dónde pueden estar...
-Bueno, ya regresarán. Después de todo, sus cosas están aquí.
-Sí, cierto.
-A ver si este dormilón se despierta, je, je, je...
-Sí... Oye, Jun...
-Sí, dime.
-Verás, yo...- dijo bajando la cabeza.
-¿Te ocurre algo?
-Es que... no estoy seguro de poder seguir con esto...
-¿Con qué? ¿de qué hablas? ¿Tienes algún problema? Si es así, si puedo ayudarte en algo...
-Jun, ya te lo dije el otro día, pero aún así... no puedo soportar el veros así más tiempo. Yo te amo, y el verte con mi Capitán... se me hace casi insoportable.
-Tom... ya hablamos de esto. Yo quiero a Michael.
-¿No podrías pensarlo un poco más? Al menos dame alguna esperanza...
-No puedo hacerlo. Desde el principio te dejé bien claro que yo no puedo amar a otro hombre que no sea él. Es por eso que no hay esperanzas... ni para ti, ni para nadie. Lo siento mucho, de verdad...
-¡No me basta con un "lo siento"! Cada vez que os veo juntos... siento como si mi corazón se rompiese cada vez más. Esto es una agonía casi insoportable y no puedo soportalo más.
-Pronto dejarás de vernos juntos en un tiempo...
-¿Eh? ¿Por qué?
-He de emprender un viaje y puede que jamás regrese pero, en caso de volver, ten por seguro que yo seguiré amando a Michael. No tengo ojos para nadie más que no sea él...
-¡Por favor, Jun, no me hagas esto!- dijo mientras la acorralaba contra la palmera cercana a ellos.
Seguidamente, Tom la miró a los ojos.
La distancia que los separaba se iba acortando cada vez más puesto que él no cesaba su avance hacia ella.
Su propósito era besarla al menos una vez, pues así se quedaría mínimamente satisfecho.
-Tom, por favor... déjalo ya...
-No puedo hacerlo. Necesito tocarte, abrazarte, besarte... necesito tenerte...- dijo mientras acortaba aún más las distancias.
Pronto, sus rostros se acercaron cada vez más.
Jun, al ver sus propósitos, intentó detenerlo, pero este la agarró las manos con las suyas y la inmovilizó.
Ella podría haberse librado de él fácilmente, pero no quería utilizar sus poderes con un humano de aquella forma; después de todo, no sabía qué podía ocasionar con dicha reacción.
Al cabo de unos instantes, los labios de Tom se acercaron cada vez más a los de Jun.
-Por favor, Tom, no lo hagas. Déjame, por favor...- dijo mientras forcejeaba para intentar liberarse.
Todo aquello resultó inútil, pues este no dejaba de acercase.
Y, después de todo aquello, los labios del chico rozaron los de ella.
Repentinamente, alguien le propinó un fuerte puñetazo en su mejilla izquierda, haciendo así que callese al suelo.
-¡¿Qué te crees que estás haciendo?!
-Ugh...- dijo mientras se llevaba una mano a la zona afectada por el golpe.
-¡Michael!- dijo Jun mientras se levantaba y corría hasta él.
-¿Estás bien?- le preguntó mientras la abrazaba.
-Sí... estoy bien...- dijo mientras se acurrucaba a él, cerrando así los ojos.
-¡Tú! ¡¿Cómo te atreves a hacerle eso a mi novia?! ¡¿Estás mal de la cabeza o qué coño te pasa?!
-No puedo evitarlo... ¡no soporto veros juntos! ¡Ella tiene que ser mía! ¡¿Por qué siempre tienes que llevarte a todas las chicas?! ¡Para una vez que alguien me gusta, tienes que aparecer tú y robármela!
-¡Para empezar, ella estaba conmigo desde el principio! ¡Es más, tú ni siquiera la aguantabas, ¿no es así?! ¡No me vengas ahora con esas mierdas!
-¡Todo tiene que ser para ti, ¿no?! ¡Pues ya estoy harto!
-¡Más harto me tienes tú! ¡No quiero que te vuelvas a acercar a ella!
-¡Tú no puedes decirme lo que puedo o no hacer!
-¡Si se trata de ella, entonces sí puedo! ¡Cómo vuelva a verte cerca de ella, te rebiento, gilipollas!
-¡¿Tú y cuántos más?!
-¡Yo sólo me basto y me sobro! Vámonos, Jun- dijo mientras se giraba y comenzaba a alejarse junto a ella.
-¡En cuanto te despistes, ella será mía!
Aquello le había tocado demasiado la moral, así que no pudo evitar lo que pasaría a continuación.
Michael, al oir lo que Tom le había dicho, apartó dulcemente a Jun hacia un lado y corrió en dirección a su "amigo". Seguidamente, lo tiró al suelo y se colocó sobre él para, acto seguido, comenzar a darle golpes en su rostro con los dos puños cerrados.
-¡No te atrevas a repetirlo!- dijo entre golpe y golpe, bastante furioso.
-Michael, por favor...- dijo Jun mientras se acercaba corriendo al ver que Tom comenzaba ya a sangrar por la nariz.
-¡Cómo te vuelva a ver no pararé hasta matarte, ¿me oyes?!- dijo, sin cesar su ataque.
-¡Michael, por favor, déjalo ya!- gritó Jun mientras comenzaba a soltar unas pequeñas lágrimas por sus ojos y se llevaba las dos manos a la cara para tapar dicho acto.
Al escuchar sus súplicas, Michael se detuvo.
Después de jadear un poco, pudo ver que el rostro de Tom estaba totalmente herido. Tenía las dos mejillas hinchadas, un ojo morado y la nariz le sangraba a más no poder. Además de eso, se podía ver que tenía un corte en la ceja derecha y otro en la comisura de los labios.
Seguidamente, el chico se levantó poco a poco y lo miró desde arriba.
Al cabo de mirarlo unos segundos, se alejó de él y se acercó hasta donde estaba Jun para abrazarla nuevamente.
-Lo siento... he sido demasiado brusco...
-Por favor, Michael... no vuelvas a ponerte así... no me gusta que os peleeis...- dijo entre llanto y llanto.
-Perdóname...
En unos instantes, Ren y John se acercaron rápidamente.
Al ver a Tom en el suelo y sangrando, ambos se preocuparon bastante.
-¿Qué ha pasado aquí? ¿Os ha atacado alguien?- preguntó Ren, bastante sobresaltado.
-No... he sido yo...- confesó Michael.
-¡Pero capitán!- se extrañó John.
-Lo siento... necesito estar solo...- dijo antes de darle un beso a Jun en la frente y alejarse lentamente.
-Michael...- se le quedó mirando Jun.
La verdad es que aquel ataque de rabia era nuevo en él.
La última vez que lo había visto de esa forma, no había sido ni la mitad de intensa que esa.
Jun estaba empezando a preocuparse. ¿Era culpa suya que Michael reaccionase así? ¿Debía, por tanto, alejarse lo más posible de él para que no pudiese volver a enfadarse así por su culpa?
Fuese como fuese, debía hablar con él cuanto antes.
Si no, quién sabe lo que podría llegar a... suceder...
Corazón oscuro 33
Episodio 33º
Después de que ambos se levantasen bruscamente al ver a su enemigo, éste, dispuesto a conseguir sus propósitos, avanzó un paso y los miró con malicia.
Jun debía proteger a Michael antes que nada, eso estaba claro, así que se dispuso a correr hacia "Tres" para así distraerle.
Pero apenas hubo dado dos pasos, una especie de rayo azul lanzado por el susodicho le impactó en el estómago, haciendo así que saliese disparada hacia atrás.
El golpe fue tan potente, que la llevó a la suficiente distancia como para caerse dentro del mar.
-¡Jun!- gritó Michael mientras se giraba hacia el agua.
-Esto se pone interesante. Nunca pensé que fueras capaz de acercarte tanto a mí solo para defender a tu amado. Pero has de saber una cosa, y es que no me importa en absoluto si hago a este chico mi reén o no, pues el agua es el medio en el que mejor me muevo, ja, ja, ja- dijo mientras se acercaba hasta el mar y lo sobrevolaba.
Pasaron los minutos, pero Jun no aparecía por ningún lado.
-Vaya... no puede ser... ¿Te has ahogado tan pronto? Yo que quería llevarte conmigo viva...- dijo mientras miraba de un lado a otro.
-Jun, no...- se preocupó Michael.
-¡No deberías cantar victoria tan rápido!- se oyó una voz en la distancia.
Cuando los dos miraron hacia el lugar del que aquel sonido provenía, pudieron ver a Jun subida sobre unas rocas que sobresalían del agua.
-Así que conseguiste alejarte hasta ese punto... me sorprende. Sobre todo después de la gran herida que te tuvo que causar ese ataque.
-Creo que deberías estar más atento a los poderes de tu adversario.
-Eso hago. ¿Acaso pensabas que no sé el por qué se ha curado tu herida?- dijo al ver que no había signos de sangre en ninguna parte de su cuerpo.
-Pero aún no lo has visto todo- dijo mientras se agachaba y cogía dos puntiagudas piedras.
Al cabo de unos instantes, la chica se situó cada piedra a cada lado de sus piernas, por debajo de la parte de abajo del vikini.
Seguidamente, ésta se hizo dos cortes intencionados en cada muslo.
-¡¿Pe... pero qué diantes...?!- gritó, extrañado.
Una vez se hubo cortado lo suficiente, tiró las dos piedras y, a continuación, de cada una de sus heridas salió una raíz.
Esperó unos momentos pero, en seguida, se tiró al mar.
-¡Eh! ¿A dónde crees que vas?- preguntó, furioso, Tres.
El agua se mantuvo en calma el momento justo como para que el atacante no supiese dónde se encontraba la chica.
El tiempo pasó lentamente y el susodicho no sabía qué hacer.
Puede que el agua fuese su elemento favorito y, por lo tanto, en el que mejor sabía moverse, pero... no sabía lo hábil que podía llegar a ser ella allí también.
Estuvo un buen rato mirando hacia todos lados y, justo cuando se iba a alejar un poco de donde estaba, Jun apareció justo delante de él, saltando así desde las profundidades del mar.
Cuando éste la vio, se dio cuenta de que ahora por pies tenía una gran cola negra, aparentemente de sirena.
En el presiso instante en el que se dio cuenta, ésta lo golpeó duramente con ella, girando así en el aire, y lanzándolo con una gran fuerza hasta alejarlo del agua.
Voló unos metros hasta que impactó contra el muro que separaba la arena de la calle, y quedó encajado en él.
Después de eso, Jun se volvió a introducir en el medio del cual había salido momentos antes y avanzó, buceando, hasta la orilla.
Una vez hubo llegado allí, la cola que poseía desapareció y salió del mar andando.
-¡Jun!- dijo Michael acercándose hasta ella corriendo.
-Estoy bien, tranquilo- le dijo para que no se preocupara.
-Eso ha sido increible, ¿cómo lo has hecho?
-Las raíces sirven para algo más que para curarme y atacar con ellas. También puedo hacer que rodeén mi cuerpo y que le den algún tipo de forma. La que yo quiera, para ser exactos.
-No sabía que pudieses hacer eso.
-Lo quería mantener en secreto para que alguien como él no pudiese enterarse. No hay que mostrar todos los trucos desde el principio, ¿no crees?
-Claro...
La verdad es que Michael no podía creerse lo que había visto.
Si antes pensaba que Jun era fuerte, ahora ya estaba más que seguro de ello.
No había nada que aquel tal "Tres" pudiese hacer contra ella.
-Bueno... creo que debería ir acabando contigo ya... ¿Cómo deseas morir?- le preguntó Jun a su enemigo a la vez que se acercaba hasta él a paso lento.
Cuando éste la miró, pudo ver que ahora sus ojos volvían a ser algo extraños.
Su pupila se había vuelto vertical y, a su alrededor, su iris se iba volviendo cada vez más oscuro y tenebroso.
-¿Qué...?
-¿Te pasa algo? Ah, claro... debe ser que no quieres morir... Tranquilo, es normal que opines eso pero... te diré algo. Me da absolutamente igual lo que pienses, moriras igual.
-Jun... ¿qué estás diciendo?- le preguntó Michael, algo asustado por su reacción, mientras se acercaba y se ponía a su lado.
-Debo eliminarlo para que no pueda volver a causarle daño a nadie.
-Lo sé, pero...
-Tranquilo... intentaré que sea rápido- dijo a la vez que sonreía de una manera extrañamente malvada.
-¡¿Pero qué estás diciendo?! ¡Tú no eres así, Jun!- le dijo mientras se ponía frente a ella y le ponía las manos en los hombros.
-¡Cuidado!- le advirtió mientras lo apartaba bruscamente y una especie de tallo verde la agarraba del cuello y la elevaba en el aire-. ¡Arg!- gimió mientras agarraba el tallo con sus manos.
-Gracias, chico. Sin ti no habría sido capaz de atraparla de esa forma-. mencionó Tres mientras se limpiaba la sangre de la comisura de los labios.
-¡Jun, no!- gritó Michael mirándola desde abajo.
-Ghhh...
Al parecer, dicho tallo la estaba asfixiando de manera alarmante, por lo que no era capaz de mencionar ni una sola palabra.
-Y pensar que iba a resultar tan sencillo...
-¡Suéltala ahora mismo!- le gritó Michael mientras pasaba a mirarlo a los ojos.
-Apártate, chaval. Ya no me resultas útil- dijo mientras hacía que uno de los tallos que salían de unas rocas cercanas lo empujasen lejos de allí.
-Mi...chael...- pudo decir Jun, casi sin aliento ya.
¿Acabaría todo ahí? ¿Ya no podía hacer nada? ¿Estaba destinada a morir de esa forma?
¿Ya no era capaz de hacer nada contra aquel tipo?
Ya solo le quedaba esperar a que la muerte y la oscuridad llegasen...
Pero entonces, el tallo que la tenía presa se cortó inesperadamente y ésta comenzó a caer.
Justo antes de que llegase al suelo, alguien la cogió en brazos y la llevó lejos de donde estaba antes.
Una vez la hubo alejado lo suficiente y puesto a salvo sobre unas rocas cercanas, su aparente "ángel de la guarda" la dejó sentada en el suelo y se quedó cerca de ella.
-Parece que llego justo a tiempo.
-No es posible...- mencionó Jun mientras se llevaba las manos a la garganta y miraba hacia aquella persona.
-Hace mucho tiempo que no nos vemos. Parece que has mejorado bastante, Jun. Pero deberías haber sido capaz de controlar esto por tu cuenta... ¿no crees?
-¡Lirin!
-Esa misma- le dijo mientras la miraba con una sonrisa.
-¡Lirin, eres tú!
-Claro que sí, ¿quién iba a ser si no? ¿un cangrejo volador o qué?
-Me alegro tanto de que estés bien...- dijo con unas lágrimas en los ojos.
-La verdad es que me sorprendió bastante que el tanque tardase tanto en sanar todas mis lesiones pero, afortunadamente, ya estoy bien. Aunque tu Madre me ha dicho que debo entrenar bastante antes de ir contigo a derrotar a tu Padre...
-Ya me tocó a mí, supongo que es tu turno.
-Claro, pero antes... encarguémonos de este tipo, ¿te parece?
-¡Sí!- dijo mientras se ponía de pie.
-Creo que puedes hacer trucos maravillosos con tus raíces, ¿cierto?
-Por su puesto.
-Veámoslo.
-¡Vale!
Después de eso, la gran cicatriz que Jun poseía en su espalda se abrió lentamente.
De ella, comenzaron a salir las raíces negras y pronto fueron uniéndose unas a otras para poder tomar forma.
Al cabo de un rato, éstas formaron unas enormes alas negras, las cuales la permitieron elevarse en el aire.
Seguidamente, Jun voló a gran velocidad hasta su enemigo haciendo que, a unos pocos metros de él, sus alas se descompusiesen y volviesen a formar las raíces individuales que habían sido momentos antes.
Éstas siguieron avanzando, pasando así el cuerpo de Jun, y agarrándo a Tres por cada una de sus extremidades. Portando así cada una más de dos raíces.
Acto seguido, Jun se posó en el suelo a unos metros de él, aún sostenido entre las raíces.
Desde las rocas donde ésta se había situado momentos antes, saltó Lirin; la cual, con una gran destreza, avanzó rápidamente sobre el aire, materializando así su espada en su mano derecha.
Una vez hubo llegado al lado del enemigo, lo atravesó con gran rapidez y éste se hizo polvo momentos después.
Cuando el polvo se hubo evaporado, las raíces regresaron al cuerpo de su portadora y se introdujeron por su gran cicatriz, desapareciendo así y volviendo a cerrarla de nuevo, aunque aún estaba visible.
-Buen trabajo, Jun. Veo que sí que has mejorado.
-Claro... ha sido un año duro, pero por fin logré controlar mis poderes adecuadamente, aunque...
-¿Hay algún problema con ellos?
-Es por mi otro yo...
-Tu... ¿otro yo...?
-¡Oh, Michael!- dijo al verlo intentarse levantarse del suelo.
Rápidamente, la chica corrió hasta él y prosiguió a ayudarlo.
Entonces, éste se levantó y la abrazó acto seguido.
-¡No vuelvas a hacer eso nunca más, por favor!
-Lo... lo siento... ¿Estás bien, Michael? ¿No te has dado en ningún sitio al caer?
-No... yo estoy bien pero... ¿y tú?- preguntó mientras se separaba de ella.
-Yo estoy bien, tranquilo.
-Vaya, Michael. Sí que has crecido- le dijo Lirin mientras se acercaba lentamente.
-¡¿Lirin?!
-La misma que viste y calza. ¿Cómo te encuentras? Eso debió de ser algo duro...
-Estoy bien... pero... cuánto tiempo sin verte, ¿no?
-Estaba recuperándome.
-Ah... ¿y estás mejor?
-Claro. Si no fuera así, ¿crees que habría sido capaz de tal azaña?
-No, supongo que no...
-Bueno, os dejo. Nos vemos luego. Por cierto, Jun... qué bien que te queda eso que llevas, eh.
-Ah... muchas gracias...- dijo, poniéndose algo colorada.
-Bueno, hasta después. Te veo en tu casa, Jun.
-Vale, hasta luego.
Seguidamente, se desvaneció tras un portal que había sido creado en menos de cinco segundos.
-¿Regresamos?
-Sí... será lo mejor.
Después de eso, se cogieron de la mano y se pusieron en marcha hacia donde estaba el resto de la clase.
Cuando hubieron llegado a donde se proponían, sus amigos se acercaron rápidamente hasta ellos.
-Vaya, sí que habéis tardado- les dijo Ren.
-Perdón... es que nos entretuvimos dando una vuelta.
-Sí, sí... una vuelta...
-¿Qué?
-¿Solo ha sido eso?
-¡Pu... pues claro! ¡¿Qué pensabas?!- dijo mientras se ponía algo colorado.
-Que no te de verguenza, hombre- se burló John.
-Es en serio, solo hemos dado una vuelta...- interrumpió Jun.
-Lo sabemos- le dijo Ren mientras se apoyaba sobre su hombro a modo de compañerismo-. Solo lo decimos para molestarlo porque sabemos que le fastidia. Mira qué mono se pone cuando se sonroja.
-¡Para ya con eso!
-Ja, ja, ja... vale, vale. Ya lo dejo.
-Bueno, ¿qué tal una partidita a las cartas?
-¿Cartas?
-¿No sabes lo que son, Jun?
-No demasiado...
-¿Pero qué clase de vida llevabas? Bueno, no importa. Nunca es tarde para aprender. Vamos a jugar un rato antes de la hora del almuerzo.
-Sí, venga- continuó John.
A continuación, fueron hasta las toallas y se sentaron para comenzar la partida.
Jun no había jugado nunca pero, a pesar de ello, se sentía feliz de poder hacerlo junto a todos sus amigos.
Por primera vez en su vida, le agradaba el relacionarse con los demás, y eso la hacía extremadamente... feliz.
Después de que ambos se levantasen bruscamente al ver a su enemigo, éste, dispuesto a conseguir sus propósitos, avanzó un paso y los miró con malicia.
Jun debía proteger a Michael antes que nada, eso estaba claro, así que se dispuso a correr hacia "Tres" para así distraerle.
Pero apenas hubo dado dos pasos, una especie de rayo azul lanzado por el susodicho le impactó en el estómago, haciendo así que saliese disparada hacia atrás.
El golpe fue tan potente, que la llevó a la suficiente distancia como para caerse dentro del mar.
-¡Jun!- gritó Michael mientras se giraba hacia el agua.
-Esto se pone interesante. Nunca pensé que fueras capaz de acercarte tanto a mí solo para defender a tu amado. Pero has de saber una cosa, y es que no me importa en absoluto si hago a este chico mi reén o no, pues el agua es el medio en el que mejor me muevo, ja, ja, ja- dijo mientras se acercaba hasta el mar y lo sobrevolaba.
Pasaron los minutos, pero Jun no aparecía por ningún lado.
-Vaya... no puede ser... ¿Te has ahogado tan pronto? Yo que quería llevarte conmigo viva...- dijo mientras miraba de un lado a otro.
-Jun, no...- se preocupó Michael.
-¡No deberías cantar victoria tan rápido!- se oyó una voz en la distancia.
Cuando los dos miraron hacia el lugar del que aquel sonido provenía, pudieron ver a Jun subida sobre unas rocas que sobresalían del agua.
-Así que conseguiste alejarte hasta ese punto... me sorprende. Sobre todo después de la gran herida que te tuvo que causar ese ataque.
-Creo que deberías estar más atento a los poderes de tu adversario.
-Eso hago. ¿Acaso pensabas que no sé el por qué se ha curado tu herida?- dijo al ver que no había signos de sangre en ninguna parte de su cuerpo.
-Pero aún no lo has visto todo- dijo mientras se agachaba y cogía dos puntiagudas piedras.
Al cabo de unos instantes, la chica se situó cada piedra a cada lado de sus piernas, por debajo de la parte de abajo del vikini.
Seguidamente, ésta se hizo dos cortes intencionados en cada muslo.
-¡¿Pe... pero qué diantes...?!- gritó, extrañado.
Una vez se hubo cortado lo suficiente, tiró las dos piedras y, a continuación, de cada una de sus heridas salió una raíz.
Esperó unos momentos pero, en seguida, se tiró al mar.
-¡Eh! ¿A dónde crees que vas?- preguntó, furioso, Tres.
El agua se mantuvo en calma el momento justo como para que el atacante no supiese dónde se encontraba la chica.
El tiempo pasó lentamente y el susodicho no sabía qué hacer.
Puede que el agua fuese su elemento favorito y, por lo tanto, en el que mejor sabía moverse, pero... no sabía lo hábil que podía llegar a ser ella allí también.
Estuvo un buen rato mirando hacia todos lados y, justo cuando se iba a alejar un poco de donde estaba, Jun apareció justo delante de él, saltando así desde las profundidades del mar.
Cuando éste la vio, se dio cuenta de que ahora por pies tenía una gran cola negra, aparentemente de sirena.
En el presiso instante en el que se dio cuenta, ésta lo golpeó duramente con ella, girando así en el aire, y lanzándolo con una gran fuerza hasta alejarlo del agua.
Voló unos metros hasta que impactó contra el muro que separaba la arena de la calle, y quedó encajado en él.
Después de eso, Jun se volvió a introducir en el medio del cual había salido momentos antes y avanzó, buceando, hasta la orilla.
Una vez hubo llegado allí, la cola que poseía desapareció y salió del mar andando.
-¡Jun!- dijo Michael acercándose hasta ella corriendo.
-Estoy bien, tranquilo- le dijo para que no se preocupara.
-Eso ha sido increible, ¿cómo lo has hecho?
-Las raíces sirven para algo más que para curarme y atacar con ellas. También puedo hacer que rodeén mi cuerpo y que le den algún tipo de forma. La que yo quiera, para ser exactos.
-No sabía que pudieses hacer eso.
-Lo quería mantener en secreto para que alguien como él no pudiese enterarse. No hay que mostrar todos los trucos desde el principio, ¿no crees?
-Claro...
La verdad es que Michael no podía creerse lo que había visto.
Si antes pensaba que Jun era fuerte, ahora ya estaba más que seguro de ello.
No había nada que aquel tal "Tres" pudiese hacer contra ella.
-Bueno... creo que debería ir acabando contigo ya... ¿Cómo deseas morir?- le preguntó Jun a su enemigo a la vez que se acercaba hasta él a paso lento.
Cuando éste la miró, pudo ver que ahora sus ojos volvían a ser algo extraños.
Su pupila se había vuelto vertical y, a su alrededor, su iris se iba volviendo cada vez más oscuro y tenebroso.
-¿Qué...?
-¿Te pasa algo? Ah, claro... debe ser que no quieres morir... Tranquilo, es normal que opines eso pero... te diré algo. Me da absolutamente igual lo que pienses, moriras igual.
-Jun... ¿qué estás diciendo?- le preguntó Michael, algo asustado por su reacción, mientras se acercaba y se ponía a su lado.
-Debo eliminarlo para que no pueda volver a causarle daño a nadie.
-Lo sé, pero...
-Tranquilo... intentaré que sea rápido- dijo a la vez que sonreía de una manera extrañamente malvada.
-¡¿Pero qué estás diciendo?! ¡Tú no eres así, Jun!- le dijo mientras se ponía frente a ella y le ponía las manos en los hombros.
-¡Cuidado!- le advirtió mientras lo apartaba bruscamente y una especie de tallo verde la agarraba del cuello y la elevaba en el aire-. ¡Arg!- gimió mientras agarraba el tallo con sus manos.
-Gracias, chico. Sin ti no habría sido capaz de atraparla de esa forma-. mencionó Tres mientras se limpiaba la sangre de la comisura de los labios.
-¡Jun, no!- gritó Michael mirándola desde abajo.
-Ghhh...
Al parecer, dicho tallo la estaba asfixiando de manera alarmante, por lo que no era capaz de mencionar ni una sola palabra.
-Y pensar que iba a resultar tan sencillo...
-¡Suéltala ahora mismo!- le gritó Michael mientras pasaba a mirarlo a los ojos.
-Apártate, chaval. Ya no me resultas útil- dijo mientras hacía que uno de los tallos que salían de unas rocas cercanas lo empujasen lejos de allí.
-Mi...chael...- pudo decir Jun, casi sin aliento ya.
¿Acabaría todo ahí? ¿Ya no podía hacer nada? ¿Estaba destinada a morir de esa forma?
¿Ya no era capaz de hacer nada contra aquel tipo?
Ya solo le quedaba esperar a que la muerte y la oscuridad llegasen...
Pero entonces, el tallo que la tenía presa se cortó inesperadamente y ésta comenzó a caer.
Justo antes de que llegase al suelo, alguien la cogió en brazos y la llevó lejos de donde estaba antes.
Una vez la hubo alejado lo suficiente y puesto a salvo sobre unas rocas cercanas, su aparente "ángel de la guarda" la dejó sentada en el suelo y se quedó cerca de ella.
-Parece que llego justo a tiempo.
-No es posible...- mencionó Jun mientras se llevaba las manos a la garganta y miraba hacia aquella persona.
-Hace mucho tiempo que no nos vemos. Parece que has mejorado bastante, Jun. Pero deberías haber sido capaz de controlar esto por tu cuenta... ¿no crees?
-¡Lirin!
-Esa misma- le dijo mientras la miraba con una sonrisa.
-¡Lirin, eres tú!
-Claro que sí, ¿quién iba a ser si no? ¿un cangrejo volador o qué?
-Me alegro tanto de que estés bien...- dijo con unas lágrimas en los ojos.
-La verdad es que me sorprendió bastante que el tanque tardase tanto en sanar todas mis lesiones pero, afortunadamente, ya estoy bien. Aunque tu Madre me ha dicho que debo entrenar bastante antes de ir contigo a derrotar a tu Padre...
-Ya me tocó a mí, supongo que es tu turno.
-Claro, pero antes... encarguémonos de este tipo, ¿te parece?
-¡Sí!- dijo mientras se ponía de pie.
-Creo que puedes hacer trucos maravillosos con tus raíces, ¿cierto?
-Por su puesto.
-Veámoslo.
-¡Vale!
Después de eso, la gran cicatriz que Jun poseía en su espalda se abrió lentamente.
De ella, comenzaron a salir las raíces negras y pronto fueron uniéndose unas a otras para poder tomar forma.
Al cabo de un rato, éstas formaron unas enormes alas negras, las cuales la permitieron elevarse en el aire.
Seguidamente, Jun voló a gran velocidad hasta su enemigo haciendo que, a unos pocos metros de él, sus alas se descompusiesen y volviesen a formar las raíces individuales que habían sido momentos antes.
Éstas siguieron avanzando, pasando así el cuerpo de Jun, y agarrándo a Tres por cada una de sus extremidades. Portando así cada una más de dos raíces.
Acto seguido, Jun se posó en el suelo a unos metros de él, aún sostenido entre las raíces.
Desde las rocas donde ésta se había situado momentos antes, saltó Lirin; la cual, con una gran destreza, avanzó rápidamente sobre el aire, materializando así su espada en su mano derecha.
Una vez hubo llegado al lado del enemigo, lo atravesó con gran rapidez y éste se hizo polvo momentos después.
Cuando el polvo se hubo evaporado, las raíces regresaron al cuerpo de su portadora y se introdujeron por su gran cicatriz, desapareciendo así y volviendo a cerrarla de nuevo, aunque aún estaba visible.
-Buen trabajo, Jun. Veo que sí que has mejorado.
-Claro... ha sido un año duro, pero por fin logré controlar mis poderes adecuadamente, aunque...
-¿Hay algún problema con ellos?
-Es por mi otro yo...
-Tu... ¿otro yo...?
-¡Oh, Michael!- dijo al verlo intentarse levantarse del suelo.
Rápidamente, la chica corrió hasta él y prosiguió a ayudarlo.
Entonces, éste se levantó y la abrazó acto seguido.
-¡No vuelvas a hacer eso nunca más, por favor!
-Lo... lo siento... ¿Estás bien, Michael? ¿No te has dado en ningún sitio al caer?
-No... yo estoy bien pero... ¿y tú?- preguntó mientras se separaba de ella.
-Yo estoy bien, tranquilo.
-Vaya, Michael. Sí que has crecido- le dijo Lirin mientras se acercaba lentamente.
-¡¿Lirin?!
-La misma que viste y calza. ¿Cómo te encuentras? Eso debió de ser algo duro...
-Estoy bien... pero... cuánto tiempo sin verte, ¿no?
-Estaba recuperándome.
-Ah... ¿y estás mejor?
-Claro. Si no fuera así, ¿crees que habría sido capaz de tal azaña?
-No, supongo que no...
-Bueno, os dejo. Nos vemos luego. Por cierto, Jun... qué bien que te queda eso que llevas, eh.
-Ah... muchas gracias...- dijo, poniéndose algo colorada.
-Bueno, hasta después. Te veo en tu casa, Jun.
-Vale, hasta luego.
Seguidamente, se desvaneció tras un portal que había sido creado en menos de cinco segundos.
-¿Regresamos?
-Sí... será lo mejor.
Después de eso, se cogieron de la mano y se pusieron en marcha hacia donde estaba el resto de la clase.
Cuando hubieron llegado a donde se proponían, sus amigos se acercaron rápidamente hasta ellos.
-Vaya, sí que habéis tardado- les dijo Ren.
-Perdón... es que nos entretuvimos dando una vuelta.
-Sí, sí... una vuelta...
-¿Qué?
-¿Solo ha sido eso?
-¡Pu... pues claro! ¡¿Qué pensabas?!- dijo mientras se ponía algo colorado.
-Que no te de verguenza, hombre- se burló John.
-Es en serio, solo hemos dado una vuelta...- interrumpió Jun.
-Lo sabemos- le dijo Ren mientras se apoyaba sobre su hombro a modo de compañerismo-. Solo lo decimos para molestarlo porque sabemos que le fastidia. Mira qué mono se pone cuando se sonroja.
-¡Para ya con eso!
-Ja, ja, ja... vale, vale. Ya lo dejo.
-Bueno, ¿qué tal una partidita a las cartas?
-¿Cartas?
-¿No sabes lo que son, Jun?
-No demasiado...
-¿Pero qué clase de vida llevabas? Bueno, no importa. Nunca es tarde para aprender. Vamos a jugar un rato antes de la hora del almuerzo.
-Sí, venga- continuó John.
A continuación, fueron hasta las toallas y se sentaron para comenzar la partida.
Jun no había jugado nunca pero, a pesar de ello, se sentía feliz de poder hacerlo junto a todos sus amigos.
Por primera vez en su vida, le agradaba el relacionarse con los demás, y eso la hacía extremadamente... feliz.
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